Ep 22: La metodología para encontrar sentido

Los primeros años de la da‘wah han tomado bastante tiempo, pero en realidad no hay manera de enfatizar suficientemente la importancia de estos fundamentos sobre los cuales se construye tanto. Y a medida que avancemos con la sirahh, quiero subrayar el tema de la metodología y la importancia de esta metodología porque, aunque ya he hablado de esto, todavía siento cuán fácilmente insistimos, como es la práctica de los musulmanes, en tratar con la historia, en tratar con el pasado, exigiendo que se cuente una historia. Pero la historia nunca, o rara vez, es tan sencilla como contar una historia. Detrás de cada historia que se cuenta sobre el pasado hay un propósito.

Cada historia que escuchas, de manera subconsciente, seas consciente de ello o no, extraes valores o incluso lo que llamamos lecciones. Extraes ejemplos. Siempre hay, si eres más intencional como oyente, siempre pensarás en una moraleja que surge de la historia. Pero incluso si no eres tan intencional como para llegar a decir “ok, ¿cuál es la moraleja de la historia?”, las historias siempre están estableciendo, seamos conscientes de ello o no, ejemplos, siempre están estableciendo modelos, están modelando algo. Y así, seas un oyente consciente que llega hasta decir cuál es la moraleja de la historia, o un oyente menos consciente que es influenciado por el modelado que escucha a través de la narración. Por eso el Profeta ﷺ nos advierte sobre nuestros círculos de influencia— de lo que el Profeta está hablando es de quiénes escuchas historias, es decir, de quiénes escuchas narrativas. Y cualesquiera narrativas en las que te involucras en la vida te impactarán y te moldearán de una forma u otra. Las narrativas están constantemente moldeando tu conciencia, seas consciente de ello o no. Cuanto más consciente seas, cuanto más intencional seas, a su vez, más capaz eres de controlar el proceso de ingeniería que las narrativas ejercen sobre ti.

Así que imagina, imagina a una persona que no es intencional en absoluto. Imagina a una persona que está en blanco, ¿cierto? Y esa persona que está en blanco, las narrativas que rodean la vida de esa persona, vengan de donde vengan, ya sea que vengan de maestros, de amigos, de la familia, de conocidos, de donde sea que vengan, están constantemente moldeando la conciencia de esa persona. Pero cuanto más consciente e intencional es una persona, más esa persona es capaz de decir: “¿Acepto esta narrativa? ¿Es esta una narrativa de la que quiero aprender algo? ¿Es esta una narrativa de la que aprendo algo?”. Y aunque muchos de nosotros asumimos que somos oyentes conscientes, que somos oyentes intencionales, en realidad suele ser todo lo contrario. La mayor parte del tiempo somos influenciados. Se necesita bastante energía, bastante deliberación y bastantes principios, para luchar contra la influencia de las narrativas. Así que es como si, cuanto más intencional eres, cuanto más consciente eres, cuanto más preparado eres, más capaz eres de decir: “esta narrativa la acepto o esta narrativa la rechazo”, y así sucesivamente. Entonces, ¿por qué enfatizo este punto?

 Porque cuando escuchamos la sirah, hay dos maneras de escuchar la sirah. Puedes ser un oyente principiado o puedes ser simplemente un oyente en blanco que está recibiendo las narrativas de la historia y siendo sometido a las influencias de las narrativas de la historia. Aunque muchas de estas narrativas te llegan debido a las diversas intencionalidades en competencia dentro de estas narrativas. Estas narrativas te llegaron porque las personas que produjeron estas narrativas tenían una intencionalidad. Tú, como oyente en blanco, ¿qué es lo que termina influenciándote? Si no eres un oyente principiado, lo que se produce es una suma total de paradojas, oxímoron y valores en conflicto. Y encontramos esto entre los musulmanes. Encuentras musulmanes que, cuando escuchan la sirah, y aquí hay también un problema más grande, porque cuanto más iletrado eres, cuanto más no se te enseña a ser analítico en tu pensamiento, más estás sujeto a esto, pero dejemos eso de lado. En la forma en que tratamos la sirah, encontramos que el impacto de la sirah, de hecho, produce un conjunto bastante conflictivo e inconsistente de valores en sus oyentes. Nuevamente, eso no es culpa de la sirah, porque la sirah son solo narrativas, y eso es lo que hacen las narrativas. Nos dice mucho más sobre el oyente de lo que nos dice sobre las narrativas.

Ahora, la otra opción es el oyente preparado, que es el oyente que recibe estas narrativas con, si se quiere, un filtro de valores establecidos y está constantemente analizando e involucrándose con estas narrativas con valores bien establecidos. Pero entonces surge la pregunta: bueno, ¿de dónde vienen estos valores? ¿cierto? Porque si eres un oyente con valores y, digamos, esos valores, seas consciente de ello o no, provienen de la filosofía hegeliana, has sido influenciado por la filosofía hegeliana a lo largo de tu vida, o digamos, más probablemente, que los valores que tienes son en realidad un subproducto de la filosofía nietzscheana, como tantas de nuestras filosofías modernas en la vida. Mucho de la modernidad es un producto de alguna filosofía post-nietzscheana u otra. Entonces parece bastante arbitrario y, por decirlo suavemente, injusto y caprichoso juzgar las narrativas de la sirah con un conjunto de valores que ellos mismos no han sido depurados. ¿Me sigues? Entonces, si tus valores mismos no provienen, digamos, de una fuente prístina, de una fuente examinada, de una fuente legítima, entonces tenemos un problema.

Así que tienes a mucho salafís por ejemplo que dicen “escucharemos la sirah sin valores y luego seremos influenciados por los valores de la sirah”, pero entonces estás recibiendo narrativas y estás siendo moldeado por estas narrativas sin conciencia de la intencionalidad detrás de las diversas narrativas que estás recibiendo. Estás tratando la historia como si la historia fuera algún tipo de narrador objetivo. Eso no es así, eso es un mito. No existe tal cosa. Simplemente no eres consciente de las intencionalidades de las personas que generaron las narrativas de la historia a las que estás expuesto. Así que escuchas algo sobre las mujeres, por ejemplo, escuchas algo, llevémoslo incluso al nivel más básico, escuchas algo sobre la forma en que deberías vestir tu ropa, escuchas algo sobre la música y simplemente piensas: “ok, bueno, yo soy un libro abierto, dejaré que las narrativas de la sirah me moldeen”. ¿Cuál termina siendo el producto de eso? El producto termina siendo un ser humano profundamente confundido y también un anacronismo. En otras palabras, un producto influenciado por estas narrativas que lo sacan del cauce de la historia.

Entonces, el oyente intencional es quien dice: “ok, ¿en qué valores básicos debo anclarme mientras recibo las narrativas de la historia?”. Y mi argumento ante ustedes, o lo que les propongo, es que los valores en los que el oyente intencional debe anclarse provienen ellos mismos de los fundamentos de la sirah. Permítanme darles un ejemplo. Sabemos que cualquier acercamiento, incluso superficial, a la persona del Profeta ﷺ conoce la importancia crítica de ṣidq, de la veracidad, de decir la verdad, de que él era conocido como aṣ-Ṣādiq. Era conocido como un ser humano veraz. Era conocido como un ser humano veraz antes de la da‘wah y después de la da‘wah. Y como veremos, incluso sus oponentes encuentran muy a menudo que aquello con lo que luchan es precisamente: ¿cómo contrarrestamos a este hombre?, ¿cómo lo enfrentamos?, cuando todos sabían que un rasgo distintivo de su personalidad era su veracidad y su amanah (confiabilidad). Así que estos valores centrales de ṣidq y amānah son valores fundamentales. Entonces, parte de lo que sucede cuando te involucras con la sirah es que tienes un filtro que dice: ¿lo que estoy escuchando es consistente con estos valores centrales de un ser humano veraz y de un ser humano que posee amānah? ¿Y qué es la amānah en lo fundamental? Sí, es confianza, ¿verdad? Pero ¿confianza en qué? La amānah es que eres digno de confianza cuando se trata de cuidar de los demás.

También sabemos que valores centrales de la identidad del Profeta, de la identidad de la da‘wah y de la identidad de lo que el Corán nos dice, son valores tan fundamentales como vimos en la du‘ā’ del Profeta en ‘Arafah, cuando el Profeta dice: “sé que toda la humanidad somos hermanos”, es decir, que fundamentalmente ustedes son los cuidadores unos de otros. La idea de que existes para cuidarte a ti mismo y que los demás se condenen es completamente ajena, es inconsistente con un valor fundacional del ejemplo del Profeta.

Así que ya tenemos ṣidq, veracidad; amānah, confianza, entendida como cumplir responsablemente con aquello que se te ha encomendado y también cuidado mutuo. También sabemos, y esto vendrá más adelante, pero es fundamental, que de manera consistente lo que Allah enfatiza y lo que el Profeta enfatiza, lo que podríamos llamar de manera acumulativa aquello que todas las narrativas más sólidamente respaldadas afirman repetidamente, es la idea de que existe una relación de pacto entre tú como individuo y Dios, entre la comunidad y Dios, y entre los miembros de la comunidad entre sí. De modo que cada vez que realizas cualquier acción, siempre regresamos a la pregunta: ¿cómo afecta esto la relación de pacto? Nunca eres libre de actuar sin pensar en el impacto que eso tiene sobre tu pacto con tu Creador, y ese pacto te vincula con los demás. Ya sea que estés tratando con tus padres, con tus hijos, con tu cónyuge, con tus vecinos, constantemente la pregunta es: ¿cuál es el pacto y cómo se ve afectado ese pacto? Y cuando miramos la sirah y las narrativas, ¿qué es lo central en ese pacto? Bueno, creo que todos intuitivamente sabríamos que lo central al pacto es la justicia y lo correcto, es decir, la justicia y la equidad. Así que ya tenemos estos valores fundamentales y necesarios que son muy importante metodológicamente para nuestro camino. Si bien los principios de ṣidq, o el principio de amānah, o el principio del pacto, son principios fundamentales, constantes e inmutables.

Sabemos que cuando Allah nos dice que este hombre posee un carácter moral grandioso, ¿de qué está hablando Allah? Allah está hablando precisamente de cosas como todos estos valores centrales. Y como hemos visto en muchos ejemplos, de los que hemos hablado en sesiones anteriores, de manera consistente, ya sea Abu Dharr, o Jadiya, o Abu Bakr, cuando describen el carácter del Profeta y el mensaje del Profeta y el propósito del mensaje, siempre están diciendo: este es un hombre que encarna la más alta ética, las virtudes. ¿Y cuáles son estas virtudes, nuevamente? Son la justicia, la misericordia, la veracidad, la confianza, el cuidado mutuo, etcétera. Así que sabemos que estos son los valores. Pero luego miramos la sirah, ¿verdad?, y el Corán es una ayuda para escrutar la sirah. ¿Por qué? Porque el Corán es la encarnación, como vimos en el tafsir, de la realización plena de estos valores. Entonces, el Corán nos ayuda a evaluar la sirah. Para decirlo de manera muy simple y muy directa: hay ejemplos de narraciones que son muy difíciles de reconciliar con principios como la justicia, o principios como la dignidad. ¿Ejemplos de qué? Ejemplos como hadices que establecen paralelos entre las mujeres y los perros negros.

La metodología que yo sigo es decir: cuando tengo una tradición que es inconsistente, o parece inconsistente, con estos valores básicos, abandonemos la mentalidad que actúa como un dictador, excluyendo e incluyendo cosas arbitrariamente. Yo no excluyo nada. Lo que hago es decir: dado que parece ser inconsistente con estos principios fundacionales, exigiré un estándar de prueba más alto para aceptar tal reporte. ¿Qué significa eso? Significa que eres sospechoso. ¿Por qué eres sospechoso? Porque no puedo reconciliarte con estos principios fundacionales. Y dado que no puedo reconciliarte, como oyente inteligente de las narrativas de la historia, te exijo que pruebes tu legitimidad, tu autenticidad, con un estándar de prueba más alto. Porque si efectivamente cumples con ese estándar de prueba, entonces voy a tener que pensar muy seriamente cómo eres consistente con estos valores morales fundamentales.

Ahora bien, esto es lo que yo les someto: nunca he encontrado un reporte que haya cumplido con ese estándar de prueba de tawātur cuando se trata de un reporte que sea problemático en términos de valores morales de esta manera. Aunque trataremos un ejemplo cuando hablemos del Profeta ﷺ y su trato con las tribus judías. Trataremos un ejemplo en el que tendremos una discusión muy intensa sobre prueba, estándares, historia y valores. Pero debemos distinguir entre algo en lo que hay un choque aparente entre comprensiones razonables de justicia, misericordia, veracidad, confiabilidad, y una tradición para la cual exigimos un estándar de prueba más alto, y entre lo que considero ejemplos aún más difíciles, donde la acción en cuestión puede argumentarse como justa, o como misericordiosa, o como veraz, o como honesta, y como un cumplimiento adecuado de un pacto dentro de su contexto histórico. Así que veo algo y, de manera razonable, puede tener sentido dentro de su marco histórico, pero no dentro de mi marco histórico. Estos son mucho más difíciles. Pero no podemos fingir que no existen.

Tomemos un ejemplo claro: los cautivos de guerra. Hay algunos tratamientos de los cautivos de guerra reportados en la sirah que son inconsistentes con lo que el Corán nos dice, y hablaremos sobre eso, sobre la justicia y la misericordia, que yo no puedo aceptar a menos que cumplan con un estándar de prueba muy alto, y ya puedo decirles que no cumplen con ese estándar tan alto. Así que yo me digo a mí mismo: no te voy a creer. No te excluyo, no digo que seas absolutamente falso, pero diré que, según la preponderancia de la evidencia, eres falso. Si alguien más viene e intenta argumentar para convencerme de que no, de que sí cumplen con el estándar, yo me involucraré con esa persona. Necesitamos estar abiertos y decir: “me involucraré con esta persona siempre y cuando siga principios racionales de prueba y de argumentación para decir, ok, aquí está por qué te digo que no, que estás equivocado, que esto de hecho es históricamente ilegítimo”.

Los ejemplos históricamente contingentes también deben ser pensados. Así que, por ejemplo, todos sabemos que ISIS llegó a la conclusión de que estamos en guerra, capturamos cautivos de guerra y tenemos el derecho de esclavizar a esos cautivos. ¿Por qué? Porque creen que esto es lo que hizo el Profeta y, por lo tanto, si el Profeta lo hizo, entonces es legítimo para nosotros. Hay una enorme cantidad de historia que ISIS ignora por completo. La pregunta es: la manera en que se trataba a los cautivos de guerra en la época del Profeta, ¿era consistente con la justicia y la misericordia y con todos los principios de los que hemos estado hablando? Incluso si llegamos a la conclusión de que sí eran consistentes con la misericordia y la justicia en esa época, hay una pregunta aparte que todavía tenemos que enfrentar: ¿son consistentes con la justicia y la misericordia, y demás, en nuestra época?

No puedes saltarte eso, ya que algo pudo haber sido justo en ese entonces y ahora no lo es. Un ejemplo muy simple: si yo vengo y te doy un dinar, ¿cierto?, o digamos un dólar. Ok, te doy un dólar en un determinado contexto. Si te di suficiente para una dote o si te di suficiente para un regalo significativo, siempre es relativo a la época histórica, porque el valor del dinero cambia. Entonces, si alguien viene y dice “sé generoso”, y saco eso de su contexto histórico y voy a la sirah y digo: “ah, ok, sé generoso”, bueno, tengo un ejemplo donde a alguien se le dijo que fuera generoso y su regalo fue un dírham. Entonces voy y busco cuánto vale un dírham. Ok, vale un cuarto de dólar, así que voy a dar un cuarto de dólar y eso es mi generosidad. Todos nosotros, creo, sabríamos racionalmente que eso no tiene ningún sentido, que no estás siendo generoso. ¿Por qué no estás siendo generoso? Porque te estás saliendo de la historia al poner en práctica la generosidad. Y le diremos a esa persona: no, la generosidad tiene que darse en el contexto en el que vives, de lo contrario no podemos decir que eres generoso. Mientras hacemos esto de manera intuitiva con la generosidad, no lo hacemos de manera intuitiva con cosas como la justicia y cosas como la misericordia. Aunque, si lo piensas, la misericordia y la compasión son completamente contingentes a las condiciones. Así que estos son los verdaderos desafíos y, como hablaremos de ello, estos desafíos son parte integral de nuestro pacto con Allah, cuando Allah dice que Mi pacto es que ustedes deben ser agentes de misericordia, y no es solo la misericordia, sino la aplicación y la producción constante de misericordia. Es decir, que en relación unos con otros, estén constantemente mostrando misericordia, y quiero verlos como Mis agentes que tienen un pacto Conmigo, y ese pacto Conmigo exige que estén constantemente manifestando actos de misericordia unos hacia otros. ¿Cómo puede eso cumplirse alguna vez sin abrazar plenamente el momento histórico en el que te encuentras?

Y la tentación, cuando no se te enseña a tratar la sirah de esta manera, es que la sirah se convierte en una pieza de museo. Entonces se convierte en una historia que escuchas y que básicamente conservas intacta de una forma u otra, y la consagras de manera santurrona o, si se quiere, como un santuario sagrado que simplemente estableces y dejas ahí. Pero en realidad pierde su fuerza, se sale de la vida. Y este es el resultado con tantos musulmanes. Constantemente escuchas de los musulmanes: “bueno, ya hemos escuchado la sirah antes, ¿por qué necesitamos escucharla otra vez?”. Ok, entonces hubo esta dificultad, luego migraron, luego hubo esta batalla, y etc, etc. Pero lo que constantemente falta es: ¿cuál es la intencionalidad interna entre todas estas diversas narrativas en esta era?, ¿cómo impactan?, ¿y cómo tu propio conjunto de anclajes morales se involucra con la sirah?

 ¿Por qué estoy enfatizando esta metodología? Porque esto es lo que hace que este enfoque de la sirah sea diferente. Yo estoy constantemente preguntando cuáles son los principios fundacionales, y hemos hablado de algunos de estos principios fundacionales hasta ahora, y se vuelven más claros a medida que hablamos más y más, e investigamos constantemente la historia en una especie de conversación, por decirlo así, porque constantemente le estoy diciendo a la historia: “bueno, ¿qué es lo que estás tratando de enseñarme?, ¿y cumples con el estándar de prueba para que yo acepte esta lección o para que me involucre con la siguiente lección, en la cual tendría que modificar mi propio sistema de valores porque sí cumpliste con un estándar particular de prueba?”.

Quiero subrayar esto porque estaba pensando ayer que lo que, y esto ha sucedido, es que, a largo plazo, lo más frustrante en el rostro de los musulmanes es que, aunque se supone que somos la gente del Libro, se supone que somos la gente de la palabra, se supone que somos —y no solo se suponía, sino que de hecho producimos— una civilización profundamente literaria, una civilización que giraba en torno a la escritura, una civilización que produjo más textos que cualquier otra civilización en la historia humana, más que las civilizaciones chinas, más que cualquiera de las civilizaciones cristianas, más que cualquier civilización judía. La producción islámica de textos es verdaderamente abrumadora en la historia humana. Pero los musulmanes modernos son felizmente inconscientes de la metodología. Y debido a que son felizmente inconscientes de la metodología, apenas notan cuando hay algo nuevo que vale la pena notar. Todo es como todo lo demás. Solo se interesan cuando hay nuevos dispositivos científicos. Entonces notan algo nuevo. Es como: “oh, wow, hay algo nuevo con lo que jugar”.

Pero donde realmente importa, en el mundo del pensamiento como seres humanos, nuestro pacto se trata de enfrentar el desafío más difícil, y el desafío más difícil es cómo manifestar la justicia, cómo manifestar la misericordia, cómo manifestar la compasión, cómo manifestar la veracidad y la honestidad, y hacerlo dentro de nuestras propias dinámicas unos con otros, en nuestras familias, en nuestras comunidades, en nuestras naciones, en los distintos niveles. De eso trata el pacto. Y el pacto nunca se trató de, bueno, crear más dispositivos científicos por ejemplo.

Sin el tipo de alerta moral e intelectual que, al menos, sea ejercida por un porcentaje suficiente de la sociedad, entonces el pacto mismo se vuelve carente de significado. Y vemos que estamos viviendo un ejemplo, una manifestación de esto, en cada llamada “crisis de fe”. Porque todos nosotros que trabajamos en espacios islámicos nos encontramos constantemente con musulmanes, y lo más triste es que yo solía pensar que la crisis de fe era solo cosa de niños, que eran solo jóvenes los que sufrían crisis de fe. Pero ahora, con más aprendizaje, he entendido que en realidad no se limita a los jóvenes, y que la deserción del Islam, especialmente en las sociedades occidentales, pero incluso en los países musulmanes, el ateísmo está en aumento de maneras muy alarmantes. Y cada vez que vuelves atrás e intentas investigar las razones de esta alienación de la fe, encuentras que las razones de la alienación son precisamente la falta de seriedad al tratar nuestra tradición y la falta de producción de significado. De modo que el compromiso con la tradición sea significativo, que las personas sientan que al aprender sobre el Corán, o al aprender sobre la sirah, o al aprender sobre el pensamiento islámico, se enriquecen, reciben más significado. Y esto es lo que nos sostiene como seres humanos. Cuando encontramos significado, somos revitalizados y nos sentimos realizados. Cuando no encontramos significado, nos sentimos vacíos, ansiosos y perdidos. Y por eso la metodología para encontrar significado es crítica en este camino.

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