Sura 9 At-Tawbah (El Arrepentimiento) - Parte 3

Comentarios de Sheij Khaled Abou El Fadl (USULI INSTITUTE - www.usuli.org) 

Corán en español usado: Traducción al español realizada por Abdurrasak Pérez desde la versión en inglés de Muhammad Assad

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(51) Di: “¡Nada nos puede sobrevenir salvo lo que Dios ha decretado! Él es nuestro Señor Supremo; y ¡qué en Dios pongan los creyentes toda su confianza!”    

(52) Di: “¡Estáis, acaso, aguardando esperanzados a que nos ocurra algo [malo] --[cuando nada puede ocurrirnos] salvo una de las dos cosas más hermosas?” Nosotros, en cambio, aguardamos esperanzados que Dios os inflija un castigo, [bien] procedente de Él o a manos nuestras. ¡Aguardad, pues, esperanzados; que nosotros, ciertamente, aguardaremos esperanzados con vosotros!”     

(53) Di: “¡Podéis gastar [cuanto queráis], de buen grado o a disgusto, [fingiendo que lo hacéis por amor a Dios:] no os será aceptado --pues, en verdad, sois gentes empeñadas en la perversión!”   

(54) Pues, sólo esto impide que sea aceptado lo que gastan: insisten en negarse a aceptar a Dios y a Su Enviado, y nunca rezan sino es con desgana, y no gastan [en causas justas] sino a disgusto. (55) Que sus riquezas o [la felicidad que puedan obtener de] sus hijos no provoquen tu admiración: Dios quiere sólo castigarles por medio de ello en esta vida y [hacer] que sus almas partan mientras [siguen aún] negando la verdad.         

(56) Y juran por Dios que son en verdad de los vuestros --pero no son de los vuestros, sino que son [sólo] gentes dominadas por el temor: (57) si pudieran encontrar tan sólo un refugio, una cueva o una grieta [en la tierra], irían allá a toda prisa.        

(58) Y entre ellos hay quienes te critican [Oh Profeta] a propósito de [la distribución de] las ofrendas dadas por Dios: si se les da una parte, se quedan satisfechos; pero si no se les da algo, se enfurecen. (59) Pero, [mejor sería para ellos] que se contentaran con lo que Dios les ha dado y [ha hecho] que Su Enviado [les diera], y dijeran: “¡Dios es suficiente para nosotros! ¡Dios nos dará [lo que Él quiera] de Su favor, y [hará que] Su Enviado [nos dé, también]: en verdad, sólo a Dios nos volvemos con esperanza!         

(60) Las ofrendas dadas por Dios son sólo para los pobres, los necesitados, los que se ocupan de ellas, aquellos cuyos corazones deben ser reconciliados, para la liberación de seres humanos de la esclavitud, [para] aquellos que están agobiados por deudas, [para toda lucha] por la causa de Dios y [para] el viajero: [esta es] una prescripción de Dios --y Dios es omnisciente, sabio.      

(61) Y ENTRE esos [enemigos del Islam] hay quienes calumnian al Profeta diciendo: “Es todo oídos” Di: “¡[Sí,] es todo oídos, [y escucha] lo que es bueno para vosotros! Cree en Dios y confía en los creyentes, y es [una manifestación de] la misericordia [de Dios] con aquellos de vosotros que han llegado [realmente] a creer. A aquellos que calumnien al Enviado de Dios –les aguarda un doloroso castigo [en la Otra Vida]”  

(62) [Los hipócritas] juran ante vosotros por Dios [que actúan de buena fe], por complaceros [Oh creyentes] --cuando es a Dios y a Su Enviado a quienes deberían complacer por encima de todo, si son en verdad creyentes.     

(63) ¿No saben que, ciertamente, a quien se opone a Dios y a Su Enviado le espera, en verdad, el fuego del infierno, en el que permanecerá? ¡Esa es la mayor humillación!    

(64) [Algunos de] los hipócritas temen que sea revelado un [nuevo] sura [como prueba] contra ellos, que les haga entender lo que hay [realmente] en sus corazones. Di: “¡Seguid burlándoos, que, ciertamente, Dios divulgará eso que tanto teméis!”    

(65) Y, ciertamente, si les preguntas, responderán: “Sólo estábamos charlando y bromeando.” Di: “¿Os burlabais de Dios, de Sus mensajes y de Su Enviado? (66) ¡No deis excusas [vanas]! ¡Habéis renegado de la verdad después de [haber declarado] vuestra fe [en ella]!” Aunque eximamos de pecado a algunos de vosotros, a otros les castigaremos --porque estaban hundidos en el pecado.       

(67) Los hipócritas y las hipócritas son todos uno: ordenan la conducta inmoral y prohíben la conducta recta, y refrenan sus manos [de hacer el bien]. Se desentienden de Dios y por eso Él se desentiende de ellos. En verdad, los hipócritas --¡ellos son, precisamente, los verdaderos perversos!       

(68) Dios ha prometido a los hipócritas y a las hipócritas --y también a los que [abiertamente] rechazan la verdad - el fuego del infierno, en el que permanecerán: esta será su porción asignada. Pues, Dios les ha rechazado, y les aguarda un castigo duradero.  

(69) [Diles: “Sois] como aquellos [hipócritas] que vivieron antes que vosotros. Eran más poderosos y poseían mayor abundancia de bienes y de hijos que vosotros; y disfrutaron de su porción [de felicidad]. Y vosotros habéis estado disfrutando de vuestra porción --igual que disfrutaron de la suya quienes os precedieron; y habéis tomado parte en charlas difamatorias -- igual que hicieron ellos. ¡Esos son aquellos cuyas obras serán en vano --y ellos son, precisamente, los que están perdidos!”      

(70) ¿No han llegado a conocimiento de esos [hipócritas y negadores de la verdad] las historias de aquellos que les precedieron --[las historias] del pueblo de Noé, de [las tribus de] Aad y de Zamud, del pueblo de Abraham, de la gente de Madián y de las ciudades que fueron destruidas? A [todos] ellos les llegaron sus enviados con todas las pruebas de la verdad [pero les rechazaron:] y por eso no fue Dios injusto con ellos [por Su castigo], sino que ellos fueron injustos consigo mismos.         

(71) Y LOS creyentes y las creyentes están próximos unos de otros: [todos] ellos ordenan la conducta recta y prohíben la conducta inmoral, son constantes en la oración, pagan el impuesto de purificación y obedecen a Dios y a Su Enviado. Sobre esos derramará Dios Su misericordia: en verdad, Dios es todopoderoso, sabio.  

(72) Dios ha prometido a los creyentes y a las creyentes jardines por los que corren arroyos, en los que permanecerán, y hermosas viviendas en jardines de felicidad perpetua: pero la complacencia de Dios es la mayor [felicidad de todas] --pues este es, precisamente, el triunfo supremo.      

(73) ¡OH PROFETA! Combate duramente a los que niegan la verdad y a los hipócritas, y sé inflexible con ellos. Y [si no se arrepienten,] tendrán por morada el infierno --¡qué horrible punto de destino!       

(74) [Los hipócritas] juran por Dios que no han dicho nada [impropio]; pero ciertamente han pronunciado palabras que equivalen a un rechazo de la verdad, y [con ello] han rechazado la verdad después de [haber declarado] su autosometimiento a Dios: pues aspiraban a algo que estaba fuera de su alcance. ¡Y nada pueden objetar [a la Fe] excepto que Dios les ha enriquecido y [ha hecho que] Su Enviado [les enriquezca ] de Su favor! Así pues, si se arrepienten, será por su propio bien; pero si se apartan, Dios hará que sufran un castigo doloroso en esta vida y en la Otra, y no encontrarán en la tierra quien les ayude, ni nadie que [les] preste auxilio.      

(75) Y entre ellos hay quienes se comprometen ante Dios [diciendo]: “¡Si en verdad nos concede [algo] de Su favor, gastaremos en limosnas y, ciertamente, seremos de los justos!” 

(76) Pero tan pronto como Él les da [algo] de Su favor, se aferran a ello con avaricia y se apartan obstinadamente [de lo que habían prometido]: (77) y Él hace por esto que la hipocresía eche raíces en sus corazones [y permanezca en ellos] hasta el Día en que se encuentren con Él --porque han faltado al compromiso que hicieron ante Dios, y porque eran dados a mentir.  

(78) ¿Es que no saben que Dios conoce [todos] sus pensamientos ocultos y sus conciliábulos secretos, y que Dios conoce plenamente todo lo que está fuera del alcance de la percepción humana?      

(79) [Son estos hipócritas] los que critican a aquellos creyentes que dan por amor a Dios más de lo que están obligados a dar, y también a los que no encuentran [que dar] excepto [los escasos frutos de] su trabajo, y se burlan de [todos] ellos. Dios hará que sus burlas se vuelvan contra ellos, y les aguarda un castigo doloroso. (80) [Y] tanto si pides [a Dios] que sean perdonados como si no --[será todo uno: pues aun] si pidieras a Dios setenta veces que les perdone, Dios no les perdonará, porque se empeñan en negar a Dios y a Su Enviado. Y Dios no otorga Su guía a la gente perversa.         

(81) ESOS [hipócritas] que se quedaron atrás se alegraron de librarse [de combatir] después [de la partida] del Enviado de Dios, pues detestaban la idea de luchar con sus bienes y sus personas por la causa de Dios; y [aun] dijeron [a los otros]: “¡No salgáis de expedición con este calor!” Di: “¡El fuego del infierno es aún mucho más caliente!” ¡Si tan solo hubieran comprendido esta verdad! (82) Dejadles, pues, que rían un poco --porque habrán de llorar mucho en pago a lo que se han ganado. 

(83) Así pues, [Oh Profeta,] si Dios te trae de nuevo cara a cara con un grupo de ellos, y te piden entonces permiso para salir [contigo de expedición], di: “¡Jamás saldréis conmigo, ni combatiréis junto a mí a ningún enemigo! Ciertamente, os alegrasteis de haberos quedado en casa en esta primera ocasión: quedaos, pues, en casa con aquellos que [tienen que] quedarse!”       

(84) Y no has de rezar por ninguno de ellos cuando muera ni te detendrás ante su tumba: pues, ciertamente, se obstinaron en negar a Dios y a Su Enviado, y murieron en esta perversión suya.      

(85) Y que sus riquezas y [la felicidad que puedan obtener de] sus hijos no provoquen tu admiración: Dios quiere sólo castigarles por medio de ello en [la vida de] este mundo y [hacer] que sus almas partan mientras [siguen aún] negando la verdad.       

(86) [Y ciertamente la niegan:] porque, cuando se les dijo por medio de la revelación: “Creed en Dios y luchad [por Su causa] junto a Su Enviado,” [aún] algunos de ellos que estaban en condiciones [de ir a la guerra] te pidieron dispensa, diciendo: “¡Deja que nos quedemos con los que se quedan!” (87) Preferían quedarse con los que quedaban atrás --y por eso sus corazones han sido sellados, de forma que no pueden comprender la verdad.        

COMENTARIOS DEL SHEIJ KHALED ABOU EL-FADL        

Sura At-Tawbah se dirige a los eventos que rodearon la expedición de Tabuk y utiliza esta oportunidad en un momento tan crítico, donde resulta muy tentador para la gente decir: “Bueno, hemos derrotado a los Quraysh, La Meca ha caído, los desafíos serios en Arabia han terminado”. Es difícil elegir la palabra adecuada, pero se trata de no perder el sentido de vigilancia sobre lo que se necesita para servir realmente a una causa y asegurar que esta sobreviva y sea atendida adecuadamente.

Como dijimos, resulta sumamente revelador que el Profeta —la paz sea con él— invirtiera en el tipo de actividad donde obtenía noticias de amenazas potenciales; lo que en nuestra era moderna llamaríamos amenazas a la seguridad nacional del Estado. Entre estas, la amenaza más prominente que les llega es que los bizantinos están preocupados por el ascenso de un reino árabe en Arabia y lo que esto significará, especialmente para los Gasánidas, las tribus árabes que durante siglos habían estado pagando un impuesto de capitación o jizya a los bizantinos y habían existido de forma servil.

Por supuesto, los bizantinos sabían muy bien que áreas como Palestina, Sham, Egipto y lo que hoy es Jordania —o al menos gran parte de ella— eran lingüística y culturalmente muy diferentes a la propia Bizancio. Incluso el cristianismo que existía en estas zonas a menudo convivía en gran fricción con el cristianismo bizantino. Por ejemplo, la Iglesia Copta era perseguida por el Imperio Bizantino y el Papa copto había estado escondido en el momento en que ocurren los eventos de Tabuk. De hecho, se ocultaba en algún lugar de Palestina, huyendo de los bizantinos porque, de ser encontrado, lo encarcelarían. Es una historia complicada, pero el punto es que, para enfrentar este desafío, el Profeta decide enviar ese ejército para dejar clara una postura.

Existía una gran probabilidad de que el ejército terminara en una confrontación militar con un ejército invasor bizantino. Ahora bien, las indicaciones sugieren que no tenían información precisa sobre el tamaño del ejército potencial que Bizancio enviaría a Arabia. Hay información muy interesante sobre su intento de lidiar con las tácticas de guerra de Bizancio y la elección de armas que empleaban los ejércitos bizantinos, porque eran muy conscientes de que el estilo de guerra empleado en Arabia era muy diferente al utilizado por las grandes superpotencias. Era un escenario completamente distinto, en parte por la distancia que debía recorrerse y la magnitud del sacrificio que la gente tendría que hacer.

La gente estaba bastante ansiosa por la posibilidad de tener un enfrentamiento militar con Bizancio. En parte, porque muchos de los que ahora debían unirse a esta campaña y al potencial enfrentamiento eran conversos recientes al Islam; tribus que se habían convertido hacía solo unos meses, ni siquiera años. Pero incluso entre los conversos de más tiempo, como veremos, existía la comprensión de que Arabia, durante siglos, había tenido terror de confrontar a Bizancio. Durante mucho tiempo, lo único que querían de Bizancio era que los dejaran en paz y no les impusieran un orden, como habían hecho, por ejemplo, con las tribus árabes de los Gasánidas en Sham, Palestina y esas regiones.

Esto resulta en una variedad de dinámicas y, como vimos, comenzamos el viaje hablando de las excusas. Varios grupos de personas, ya fueran individuos o unidades más grandes como clanes o tribus, inventaban pretextos. Algunas de las excusas eran: “Lo sentimos mucho, pero tenemos tal o cual circunstancia y no podemos unirnos a esta campaña”. Otros decían: “Les apoyaremos financieramente, pero no podemos unirnos físicamente”. Hablamos de ese tipo de excusa o de quienes decían: “No queremos desobedecerte, así que no nos ordenes unirnos a esta campaña, porque si lo haces, te desobedeceremos y eso no sería bueno”. Es extremadamente arrogante decirle eso al Profeta.

Vimos lo que pasó a la historia como el famoso caso de Jadd ibn Qays, quien dijo: “Tengo una debilidad por las mujeres rubias, así que no puedo unirme a la campaña porque no puedo garantizar cómo voy a reaccionar si me encuentro con mujeres blancas y rubias”. Como vimos, aunque la mayoría de los comentaristas —casi todos ellos— dicen que el Corán reprende al Profeta por no responder o básicamente por decir “está bien, si no quieres venir, quédate” —en otras palabras, por excusar a la gente—, eso no tiene sentido analizando el texto del Corán por sí mismo. Simplemente no tiene sentido porque, como vimos antes, el propio Corán delega al Profeta el poder de excusar o no y le dice que está bajo su cargo ejercer esa discreción. 

El estilo del Profeta era —y este es un punto crítico— que, incluso si el Profeta te excusa, eso no significa que Allah te perdone. No puedes eludir la responsabilidad diciendo: “Bueno, el Profeta me perdonó”. Deberías haber actuado mejor; la responsabilidad recae sobre ti y sobre tu conciencia. Como dijimos, esto es totalmente coherente con el mensaje de que no tomas a tus líderes religiosos, incluidos tus profetas, como tus dioses. Ellos no deciden qué es haram o halal; tu relación con Dios es personal y directa.

Así, la sura llega en un contexto histórico que pueden imaginar: hay grupos de personas que no se unieron a la campaña de Tabuk y están en la sociedad. Cuando la gente hace algo que sabe que no debería haber hecho, intenta fingir que está bien; es una tensión incómoda pero silenciosa. El hecho de que fueran al Profeta a presentar excusas y que él no respondiera o simplemente dijera “está bien”, no quita que sean muy conscientes de quiénes sí se unieron, quiénes hicieron el sacrificio y qué grupos demostraron su sinceridad y lealtad. Estos grupos conviven todos juntos, los leales conviven con los grupos que fallaron.

Imaginen que, al regreso de quienes se unieron a la campaña de Tabuk, hay una gran incomodidad entre los que se sacrificaron y los que no. Lo que mantiene esta incomodidad en silencio es el hecho de que, si alguien dice: “Yo se lo dije al Profeta y él no puso objeciones” o “El Profeta dijo que estaba bien”, entonces, ¿quién va a protestar? Entonces llega el Corán, y la intensidad de la intervención coránica no puede subestimarse, ya que incomoda extremadamente a todos aquellos que ofrecieron sus excusas. Los pone frente a un espejo y les dice que el hecho de haber ido a decírselo al Profeta no los libera de su responsabilidad.

Allah viene y dice que aquellos que pusieron excusas son de diferentes tipos y grados. Están aquellos que, si hubieran sido serios con sus compromisos, habrían organizado sus asuntos de modo que, si realmente hubieran querido ser comprometidos y sinceros, habrían hecho lo necesario para poder unirse a esta campaña. Este es un punto subconsciente muy sutil: de hecho, podrías, de manera subconsciente —porque no quieres sacrificarte—, organizar tu vida de tal manera que un sacrificio resulte, en efecto, imposible. O llegas en el último momento y dices: “Oh, bueno, si voy a esta campaña mis hijos pasarán hambre, no hay nadie que cuide mi hogar”. Pero es porque no tomaste las medidas preliminares ni los arreglos previos para estar en posición de enfrentar el desafío cuando este se presentara.

Como dije, estas son semillas morales. Allah no nos cuenta estos ejemplos para que nos maravillemos de lo que pasó en el pasado; nos habla de esto para que reflexionemos sobre nuestro propio momento y lo que significa cuando Allah dice que, si realmente hubieras querido servir a la causa, habrías tomado las medidas necesarias para estar en condiciones de hacerlo, con todas las profundas implicaciones que eso conlleva.

Ya hemos hablado de esto, pero también hay entre ellos quienes no es que sean débiles y sucumban a sus flaquezas al posponer las medidas necesarias para servir a la causa, sino que, de hecho, hay grupos de personas que son los eternos pesimistas y críticos. Allah les dice: “Voy a hacerlos responsables”, pero al mismo tiempo les dice a los musulmanes —para que entiendan la sabiduría del Profeta al no forzar a estas personas a unirse a la campaña— que, si de hecho se hubieran unido, no habrían causado más que disensión, cuestionando constantemente el sacrificio mismo. Estos son como los tipos que dan una sadaqa (caridad), pero no la dan con alegría ni entusiasmo; la dan a regañadientes. Independientemente de la licencia que creas que el Profeta te dio, tu jihad contra ti mismo no te ha elevado al estado de sentir honor en el sacrificio que presentas. En otras palabras, deberías sentirte honrado por el sacrificio en lugar de sentirte rebajado por él. 

Allah también  destapa o descubre la psicología de los que no se comprometen: un grupo de personas que siempre está esperando para regodearse en los fracasos. Estas son las personas que se quedan esperando y luego, si las cosas no van bien, se jactan diciendo: “Sabíamos desde el principio que esto no terminaría bien, y por eso no quisimos unirnos. ¿Ven qué sabios fuimos? Esta debilidad dentro del alma indica que tu causa no es la de Dios; tu causa es tu ego. Tu objetivo es, en última instancia, estar siempre en una posición donde puedas —bueno, estar en un estado donde puedas posicionarte para— demostrar tu sabiduría, tus percepciones y tu perspicacia ante la gente. Tu verdadera lealtad es hacia ese sentido inflado del ego y no hacia los sacrificios. Tu honor no se encuentra en el sacrificio; tu honor se encuentra en cualquier evaluación con la que te convenzas a ti mismo. O mejor dicho, no está en el sacrificio, sino que tu honor se halla en la elevación de tu ego como el centro de todo. Así que, en última instancia, si una desgracia te alcanza —es decir, si las cosas salen mal—, ellos dirían: “Bueno, lo sabíamos desde el principio”, y se alejan felices de sí mismos. Pero, como dijimos, la sura At-Tawbah es descrita en la tradición como  “la que expone”, debido a la forma en que levanta la tapa, levanta la cubierta de los diversos tipos de hipocresía que existían dentro de la sociedad en aquel momento.

(51) Di: “¡Nada nos puede sobrevenir salvo lo que Dios ha decretado! Él es nuestro Señor Supremo; y ¡qué en Dios pongan los creyentes toda su confianza!”    

Primero, hay un punto axiomático que debe entenderse, y es una cuestión de fe y convicción: que nada puede sucedernos jamás, salvo lo que Dios ha decretado. Dios es nuestro Señor Supremo, y en Dios depositan los creyentes su confianza. Por lo tanto, esa idea de tu ego inflado, donde el centro de tu existencia es estar en posición de decir “bueno, siempre conocí la insensatez de este camino”, o pensar que algo es bueno solo si lo apoyo, o que algo es necesariamente malo si no lo apoyo... Tu lealtad tiene un problema más profundo con tu fe. En última instancia, estás lidiando con las determinaciones de Dios respecto al destino, a lo que realmente transcurre, ya sea que las cosas funcionen o no. Tu trabajo es poner tu mejor esfuerzo; los resultados pertenecen a Dios y solo a Dios.

Así que, al final, pones todo tu empeño y el resultado depende de Dios. Incluso con algo como enfrentar a los bizantinos, Allah le está diciendo a esta gente que, si esta campaña hubiera terminado desastrosamente, mientras hayas puesto tu mejor esfuerzo, todo lo que puedes decir es que esto fue la voluntad de Dios y lo aceptamos. Ese es un punto axiomático.

(52) Di: “¡Estáis, acaso, aguardando esperanzados a que nos ocurra algo [malo] --[cuando nada puede ocurrirnos] salvo una de las dos cosas más hermosas?” Nosotros, en cambio, aguardamos esperanzados que Dios os inflija un castigo, [bien] procedente de Él o a manos nuestras. ¡Aguardad, pues, esperanzados; que nosotros, ciertamente, aguardaremos esperanzados con vosotros!”

Está claro que entre las personas que no se unieron hay... no quiero usar la palabra “hipócritas” (munafiqun), porque a menudo los musulmanes, en su comprensión del Corán, usan “hipócritas” de una manera muy amplia. La usan para “categorizar de otro”, para crear una distancia entre la psicología de las personas de las que habla el Corán y su propia psicología. En realidad, sí, había hipócritas; sí, había personas que no eran creyentes en absoluto y fingían ser musulmanes. Pero también había muchos que eran musulmanes débiles, y muchas personas que podríamos ser nosotros, personas que ponían excusas.

Como veremos, y resulta interesante, en última instancia Allah no castiga en esta tierra excepto a aquellos que son musulmanes verdaderamente sinceros. Es notable que el Corán termine dejando pasar a todos los peores infractores sin consecuencias en esta tierra, y hablaremos de eso. Pero están los musulmanes débiles y los musulmanes hipócritas. Así que, cuando Allah dice “sabemos que de hecho nos desean el mal”, que lo que esperan es que las cosas salgan desastrosamente, aquí el Corán no está hablando de los musulmanes débiles. El Corán habla de los grupos de personas que fingían ser musulmanes. Algunos de ellos se convirtieron simplemente pronunciando la shahada y haciendo muy poco más, pero como veremos, algunos fueron mucho más allá de solo pronunciar la shahada al fingir ser musulmanes.

Nuevamente, subrayando el punto axiomático: ustedes no entienden que una persona verdaderamente anclada en la creencia no ve el mundo como ustedes lo ven. Los “dos mejores resultados” de los que habla el Corán son: o seremos martirizados en la causa de Dios, o saldremos victoriosos. Ahora bien, esto es lo que dicen todos los tafasir (exégesis), por cierto: que, o seremos mártires o seremos victoriosos. Pero yo les hago la siguiente pregunta: ¿Qué pasa si la voluntad de Dios es que no seas ni mártir ni victorioso? ¿Cuáles son entonces los “dos mejores resultados” de los que habla el Corán? Porque es posible, ¿verdad? Es posible que no mueras como mártir y que tampoco ganes.

La respuesta se vuelve posible solo si reconstruyes la comprensión de lo que es una victoria. La victoria está en el esfuerzo y en el proceso mismo, no en los resultados. En otras palabras: o soy martirizado, o sé que he hecho lo mejor que he podido, he agotado mi jihad y acepto lo que Allah decrete. Estoy en paz con lo que Allah quiera, incluso si no es conforme a mis cálculos. Eso en sí mismo es la verdadera victoria.

Porque no hay forma de perturbar tu equilibrio y tu tranquilidad con el mundo en el que existes. La noción de victoria en el Corán nunca es, como mucha gente piensa, una comprensión imperial de la victoria. Nunca se trata de “vencer al otro, destruir al otro y levantar las banderas”, como se encuentra en el Antiguo Testamento, por ejemplo. Recuerden que en el Corán, Allah nos dice que, sin importar lo que hagamos, la gente nunca será creyente en su totalidad; de hecho, la mayoría seguirá siendo no creyente hasta el final. Allah en el Corán nos habla de la inevitabilidad de la diversidad y la diferencia, y que eso nunca cambiará. De hecho, parte de la victoria es la aceptación de la existencia de la diferencia; la comprensión y la celebración de la diferencia misma es la victoria.

Aceptar eso, rendirse a la noción de que los resultados dependen de Dios y confiar en los resultados que Allah presenta después de haber ejercido y agotado tu mejor esfuerzo, es la victoria. Dicho de otro modo: la derrota es cuando no prestas atención a las palabras de Allah y no haces tu mejor esfuerzo para lograr una victoria. Esa es la verdadera derrota. Yo no soy derrotado por hablar en contra de la injusticia y que luego la injusticia me destruya. No soy derrotado incluso si la injusticia no me mata. Digamos que la injusticia me toma y me arroja a prisión por el resto de mi vida; eso no es una derrota. Cuando Salman al-Ouda está en prisión ahora, si no entiendes el Corán, pensarías que Salman al-Ouda ha sido derrotado. Pero no lo ha sido. De hecho, he seguido su carrera y ha sido un defensor constante y vigilante de Allah y del Islam, y por los problemas que esto le ha traído ahora está en prisión. Está sufriendo en prisión, no hay duda de ello, pero aceptar que, mientras hayas hecho todo lo que podías hacer, el resto depende de Allah... eso es la victoria.

Muy bien, entonces la cuestión es: sabemos que, de hecho, no nos desean el bien, pero no entienden que en sus cálculos, la forma en que ven el mundo es muy diferente a la nuestra. Luego Allah les dice —y esta es la primera vez que Allah lo hace, ya que en todos los discursos coránicos previos con los hipócritas nunca hay una amenaza implícita o explícita contra ellos—, y en la sura At-Tawbah es la primera vez en la que Dios les dice: “Cuidado, porque lo que podría ser la voluntad de Dios es que Allah los castigue no solo en el más allá, sino en esta tierra”. Que ya sea Allah envíe una catástrofe para afligirlos directamente, o que Allah nos use a nosotros para castigarlos. En otras palabras, su conducta conducirá a una serie de eventos en los que su hipocresía, sus maquinaciones, la falta de sinceridad y la duplicidad que siguieron y adoptaron frente a esta religión resultarán en una calamidad que les sobrevendrá directamente de Dios, o Dios nos usará a nosotros para castigarlos. 

Ahora bien, sabemos que esto ocurre en el noveno año de la Hégira y, un año después, el Profeta muere. Los hipócritas nunca son castigados por el Profeta; él nunca castiga a ninguno de ellos. Por lo tanto, el sufrimiento nunca les es infligido a través de las manos de los creyentes mientras el Profeta vive; simplemente no sucede en ese tiempo. Entonces, ¿a qué se refiere esto? En mi opinión, aunque no encontrarán esto en ninguno de los tafasir, esto es Allah alertando a estas personas sobre lo que sucederá, lo que Allah sabe que sucederá después de la muerte del Profeta. Miren, justo después de estas aleyas, Allah empezará a hablar de las sadaqat. Muchas de estas personas, lo primero que hicieron tras la muerte del Profeta fue negarse a pagar la sadaqa. Y Abu Bakr tomó la decisión de ir a la guerra contra ellos.

Estoy convencido de que Allah sabía que esto es lo que se iba a desencadenar, y Allah les advierte que esto es lo que va a suceder. Si hubieran prestado atención a esta advertencia, tal vez habrían evitado lo que a menudo se denomina las Guerras de la Ridda, o Guerras de la Apostasía. Sí, algunos de estos grupos apostataron después, pero la mayoría no lo hizo; la mayoría mantuvo una posición vaga sobre si eran musulmanes o no. No decían claramente si, de hecho, eran musulmanes o no, pero de lo que ciertamente se aseguraron —y de esto habla el Corán justo después de estos versos al mencionar las sadaqat— es que se negaron a pagar su parte a la Ummah musulmana, al gobierno central. Básicamente dijeron: “Nuestro dinero es nuestro, piérdanse, nosotros cuidaremos de los nuestros, no les debemos nada a los que están fuera de nuestro clan, fuera de nuestra tribu, fuera de nuestro territorio”. Su materialismo se impuso.

Y, en efecto, Allah inspiró al Califa Abu Bakr a tomar la decisión de ir a la guerra para mantener unido al Estado y evitar que se fracturara y se desmoronara. Porque una vez que el Estado se hubiera fracturado, lo más seguro es que los bizantinos y los sasánidas se habrían lanzado sobre los restos, sobre las pequeñas astillas que quedaran, y habrían logrado un dominio total y absoluto sobre este pueblo durante los siglos venideros. Porque ellos ya veían lo que estaba pasando: este hombre vino, los unió y los convirtió en una fuerza seria. No se puede retroceder en el tiempo ahora que han sido alertados del peligro; en el minuto en que vean una fractura, se lanzarán sobre ella. Se asegurarán de imponer un poder hegemónico sobre esta región, una región de la que, durante siglos, pensaron que no podía provenir ningún peligro. La sura les advierte sobre lo que se desarrolla después de la muerte del Profeta, no durante la vida del Profeta. Muy bien, escuchen.

(53) Di: “¡Podéis gastar [cuanto queráis], de buen grado o a disgusto, [fingiendo que lo hacéis por amor a Dios:] no os será aceptado --pues, en verdad, sois gentes empeñadas en la perversión!”   

(54) Pues, sólo esto impide que sea aceptado lo que gastan: insisten en negarse a aceptar a Dios y a Su Enviado, y nunca rezan sino es con desgana, y no gastan [en causas justas] sino a disgusto. (55) Que sus riquezas o [la felicidad que puedan obtener de] sus hijos no provoquen tu admiración: Dios quiere sólo castigarles por medio de ello en esta vida y [hacer] que sus almas partan mientras [siguen aún] negando la verdad.         

(56) Y juran por Dios que son en verdad de los vuestros --pero no son de los vuestros, sino que son [sólo] gentes dominadas por el temor: (57) si pudieran encontrar tan sólo un refugio, una cueva o una grieta [en la tierra], irían allá a toda prisa. 

Para mí, estas se encuentran entre las partes que te hacen detenerte largamente. Son versículos verdaderamente aterradores.

Tomémoslo desde aquí: Allah expone la hipocresía de estas personas, pero en lugar de tomarlo en el orden presentado, lo reestructuraremos un poco porque nos ayudará a entenderlo. Son personas con medios y, como tales, tienen una posición en la sociedad; por esto es que Allah dice: “no admires su riqueza ni sus posesiones”. A menudo, el término de expresión para la riqueza y el poder —no importa si tienes un hijo, tres o diez— es la expresión coránica y árabe “su dinero y sus hijos”, que significa refiriéndose a su dinero y su poder, sus medios en la sociedad. Son personas de recursos.

Ahora bien, es significativo porque parte de la arrogancia de esta facción es que son personas con medios y, debido a ello, caen en lo que caen muchas personas ricas: empiezan a sentir una sensación de autonomía e independencia respecto a Allah. Empiezan a pensar que están en una posición para juzgar mejor la trayectoria y las prioridades de la sociedad que otras personas. El hecho de ser personas de riqueza y medios los pone también en una posición para tener un impacto sobre la sociedad, porque la gente puede admirarlos, puede verse afectada por ellos. Pero, de hecho, ¿cuál es el problema con este grupo de personas?

El problema con estas personas no es que sean kuffar (incrédulos) de la misma forma en que lo era Quraysh. El problema con estas personas es que la oración es una tarea pesada para ellos; no es una prioridad. De hecho, acudir a la oración es una carga. Incluso a través de una variedad de relatos, se sabe que se presentan a la oración, pero a menudo llegan tarde o faltan a muchas oraciones. Se presentan porque saben que su estatus y su prestigio en la sociedad se verían muy afectados. Todos a su alrededor van a la mezquita a rezar con el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y saben que, si dejan de hacerlo, su posición en la sociedad se verá afectada. Pero Allah los expone diciendo: “Sé que esto es una carga para ustedes y esto no es algo que hagan porque realmente les apasione, sino que es algo que apenas cumplen para quitárselo de encima por otros intereses”.

Lo otro es que, cuando se trata de gastar, ellos dan, pero lo que sea que den, lo dan con gran desagrado. Es como sacarles las muelas. No son como aquellos que, cuando llegó la batalla de Tabuk, todos entendieron la importancia crítica de ir contra una superpotencia y tienes esas historias de compañeros que vienen al Profeta y dicen: “He guardado un tercio para mis hijos, pero dos tercios los doy para la campaña”. Por el contrario, con estas personas, es como sacarles las muelas cuando se trata de sus gastos.

Pero recuerden que un grupo de ellos fue al Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) y dijo: “Apoyaremos financieramente, pero no nos uniremos en persona a esta campaña”. En la tradición encontramos que, de hecho, entre los ricos existía la actitud de que la guerra y salir en campañas es algo que hace la gente pobre; ellos son demasiado importantes, tienen muchos negocios serios. Es como la actitud empresarial cuando dicen: “Tenemos muchos negocios de los que preocuparnos; ¿en serio quieren que salgamos al desierto, montemos un caballo y pasemos por ese sufrimiento? Apoyaremos con nuestro dinero a quien pueda hacerlo, pero nosotros mismos no lo haremos”.

El paso crítico que ocurre es que Allah ordena al Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) que ya no acepte su dinero. Nuevamente, les digo que hay muchos momentos en la exégesis coránica en los que uno se dice a sí mismo: “Esto no es como ningún humano ni ningún texto que leas en la historia”. Ningún texto histórico surge bajo las circunstancias tan difíciles que el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) enfrentó en ese momento. Cuando estás, muy posiblemente, al borde de una confrontación mayor con una superpotencia y vas a los elementos más ricos y arrogantes de la sociedad y les dices: “Como estaban dispuestos a pagar a la gente para que hiciera su trabajo, ya no voy a aceptar su dinero”, eso simplemente no sucede. Imaginen que en nuestros días se tomara tal medida, donde realmente digas: “Si tu dinero no proviene de un compromiso sincero, no lo quiero”. No voy a apoyar la causa con dinero que viene de personas que piensan que nos están haciendo un favor al gastarlo.

Parte de la descripción detallada de la historia es que, cuando se reveló la sura At -Tawbah, por supuesto estaban los antiguos compañeros que estaban allí desde el tiempo de la Hégira y que se alegraron de que Allah dijera esto; tenemos relatos de gente celebrándolo. Pero también tenemos a numerosos compañeros jóvenes que se angustiaron pensando: “Necesitamos todos esos recursos”. Y como les mostraré en un segundo la medida en que estaban necesitados, necesitábamos todos los recursos posibles. Aun así, no estamos expulsando a estas personas de Medina, no estamos confiscando sus bienes, no los estamos encarcelando; los dejamos como están en la sociedad, pero decimos: “Su dinero no es bienvenido”.

Esto merece una gran pausa para ver la moral de esto. Es una de esas semillas éticas y morales que no fueron cosechadas por los musulmanes. Porque ante la semilla moral y ética de esto, es fácil saltar a la conclusión de: “Bueno, son hipócritas, así que los meteremos en prisión y confiscaremos su dinero”. Pero eso no es lo que hace el Corán. Lo que hace el Corán es decir: “Está bien, quédense con su riqueza. Este es un proyecto moral y en un proyecto moral no confiaremos en medios inmorales”, lo cual fue extremadamente revolucionario.

Otro punto de la sura es que ellos les juran que son leales. Esto se debe a que, de hecho, estos ricos indecisos. Es la arrogancia de los ricos que en nuestra era moderna te escribirán un cheque, pero solo si los persigues interminablemente, los vigilas, los alabas y les lisonjeas. Es exactamente el mismo paralelo. Pero Allah viene y dice: “No queremos su dinero, eso no va a suceder”. Pero, en efecto, hay un grupo en Medina —y la sura At -Tawbah, como veremos, habla de diferentes grupos— que cada vez que surgía una duda sobre su lealtad, corrían hacia el Profeta. Su altivez y su arrogancia les hacían sentir que era indigno molestarse con alguien inferior al Profeta. Por lo tanto, no se molestarían en responderle a alguien como Ali Ibn Abi Talib, por ejemplo; no se molestarían en responderle a él, sino que correrían hacia el Profeta y jurarían que son leales y que han sido malinterpretados.

Las personas que hacían esto, que constantemente saltaban ante el Profeta para decirle: “Queremos hablar contigo”, y él decía: “Está bien, ¿de qué quieren hablar?”, y ellos respondían: “Oh, ya sabes, hemos oído rumores, la gente dice que porque hicimos preguntas sobre dar dinero para este asunto, o porque dijimos que no podíamos permitirnos dar dinero en este punto, o porque retrasamos la entrega del dinero... la gente está planteando dudas y solo queremos saber que estás bien con nosotros. ¿Estás bien con nosotros?”. Y el Profeta a menudo asentía, sonreía o hacía algún tipo de dua(súplica). Así que ellos sabían quiénes eran. Y cuando el Corán fue revelado, ellos supieron que se refería a ellos. Sabían que eran el grupo de personas ricas que constantemente daban seguridades al Profeta, pero también sabían que, cuando llegaba el momento de entregar resultados, eran constantemente los rezagados. Esa era su actitud hacia la oración y su actitud hacia la riqueza material.

Y así, cuando llegó el momento —aunque no era algo que el Profeta hubiera hecho antes— el Profeta dijo a sus compañeros: “No acepten dinero de X, Y o Z”. Imaginen el impacto social sobre estas personas. De hecho, fueron e intentaron suplicar al Profeta que aceptara de ellos el dinero que habían retrasado dar antes. Muchos de ellos debían dinero de lo que hoy llamaríamos una promesa de contribución; se les había pedido sadaqat y habían hecho una promesa, pero nunca la pagaron, y la promesa no se había pagado por un par de años. Cuando el Corán vino y dijo: “No tomen su dinero”, corrieron hacia el Profeta y dijeron: “Por favor, ¿podemos pagar nuestra promesa?”. Y el Profeta dijo: “No puedo; Allah me ha dicho que ya no puedo tomar su dinero”.

Muy bien. Ahora, este punto en el versículo 57 es asombroso. Son personas ansiosas. ¿Por qué están ansiosos? Porque tienen mucho que perder. ¿Qué los hace tan ansiosos? ¿Están preocupados por su destino en el Más Allá? No. ¿Están preocupados por el destino del Islam? No. ¿Están preocupados por los miembros de su comunidad? No. Lo que los hace ansiosos es que están preocupados por su riqueza, por sus negocios. Sabían que una vez que Quraysh fue derrotada, dieron un suspiro de alivio: “Oh, alhamdulillah, está bien, finalmente Quraysh cedió sin siquiera haber librado una batalla seria, estábamos realmente preocupados por la confrontación con Quraysh, y Quraysh terminó siendo pan comido. Ahora es momento de que nos establezcamos y prestemos atención a los negocios, expandamos nuestro comercio y demás”. El asunto de Tabuk y una confrontación con Bizancio crearon una inmensa ansiedad, porque lo siguiente es: ¿se verá afectado nuestro comercio? Me refiero a que gran parte del comercio que realizamos es con la región de Sham, con Palestina y Egipto, ¿y quién tiene el control de estas áreas? Pues Bizancio. Entonces, ¿afectará eso a nuestros negocios? Bueno, ¿y si Bizancio nos castiga por atrevernos a desafiarlos y ordena a todos sus aliados que no hagan más negocios con nosotros? Ellos expresaban sus ansiedades en sus propios círculos.

Ahora, una de las cosas más fascinantes que encontré es la descripción de estos individuos; cuando rastreas a los individuos por nombre, se dice que algunos de ellos se presentaban constantemente a la oración durante los eventos de la derrota de La Meca, pero cuando se sintieron ansiosos por Tabuk y la confrontación, empezaron a faltar a muchas oraciones en la mezquita. ¿Qué significa esto? Me refiero a que unes las piezas del rompecabezas e imaginas lo que está pasando: cuando se preocuparon por el rumbo de sus negocios, su relación con Allah y su relación con la oración fue lo que se vio afectado. Tiene perfecto sentido que, cuando piensas que tu negocio material va a prosperar, digas: “Oh, amo a Dios”, pero cuando parece que habrá sacrificios e inseguridad, pues ya no estás tan seguro de Dios después de todo.

Son personas ansiosas, y la descripción del Corán es que, si pudieran encontrar un lugar, una cueva para escapar o un portal para huir, lo harían. Significa que, si hubiera una manera en la que pudieran dejarlos a ustedes con sus problemas, cuidar de sí mismo y eximirse de los problemas de la sociedad y de los desafíos de la causa para preocuparse solo por ellos mismos, lo harían. ¿Y pueden imaginar si fueran una de esas personas a las que el Corán se refiere? Es Allah diciéndote: “Sé que, si hubiera una manera, inventarías una excusa y te liberarías de todos estos desafíos para crear tu propia realidad en la que no tengas que sacrificarte, no tengas que desafiarte a ti mismo, no tengas que cuidar de los demás ni preocuparte. Allah sabe que eso es precisamente lo que harías, pero por eso mismo Allah no quiere tu hipocresía. 

Una de las cosas más aterradoras, y esto es algo que los comentaristas notaron pero han debatido de diversas formas, es que la sura At -Tawbah es el lugar más conmovedor del Corán donde Allah describe formas de hipocresía como incredulidad. Tal vez no nos sorprenda que Allah describa la hipocresía como algo pecaminoso e inicuo, pero describirla como kufr (incredulidad) es algo fuerte. Cuando te detienes a pensarlo, hay muchas hipocresías que, cuando se despojan de todo lo demás, se deben en realidad a que realmente no crees.

Allah les está diciendo: “Disfrutarán de su riqueza y de su estatus hasta que mueran, y morirán como kuffar (incrédulos)” En lo que respecta a este mundo, debido a que hicieron la shahada (profesión de fe), son creyentes en lo que respecta al estatus legal, pero su estatus legal, de la misma manera que el hecho de que el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) los excuse o no, no los libera de responsabilidad. El simple hecho de haber hecho la shahada no significa que, en lo que respecta a sus cuentas en el Más Allá, sean creyentes. Hay un mundo de diferencia entre el estatus legal y la realidad espiritual. Por eso continuaron viviendo en Medina; nunca fueron tratados como incrédulos porque la gente que recibió el Corán entendió que Allah estaba hablando de su estatus en el Más Allá, no en el aquí y ahora. Por lo tanto, nunca fueron tratados como kuffar en términos de su estatus legal, pero Allah les dice que, de hecho, morirán como tales debido a estas hipocresías profundamente arraigadas.

Algunos de los informes sobre esta clase de hipócritas, a quienes el Corán describe como tales, indican que parte de la razón por la que Allah les dice esto —según muchas fuentes— es porque Allah sabe que, cuando dan, no lo hacen realmente porque les importe su estatus ante Dios, sino que dan por las apariencias públicas. Su donación es una función social destinada a servir a su estatus social.

(58) Y entre ellos hay quienes te critican [Oh Profeta] a propósito de [la distribución de] las ofrendas dadas por Dios: si se les da una parte, se quedan satisfechos; pero si no se les da algo, se enfurecen.

(59) Pero, [mejor sería para ellos] que se contentaran con lo que Dios les ha dado y [ha hecho] que Su Enviado [les diera], y dijeran: “¡Dios es suficiente para nosotros! ¡Dios nos dará [lo que Él quiera] de Su favor, y [hará que] Su Enviado [nos dé, también]: en verdad, sólo a Dios nos volvemos con esperanza! 

Así que, Allah ahora está hablando al Profeta de que algunos de esta misma categoría de hipócritas tienen una dinámica en la que su actitud principal hacia ti depende en gran medida de lo que obtengan materialmente de ti. Si encuentran que su relación contigo es financieramente beneficiosa, se muestran conformes. Y aquí, especialmente volviendo al tema de su esperanza o deseo de obtener una parte de los botines de guerra o de cualquier cosa que les beneficie financieramente, son personas agradables si se están beneficiando económicamente. Pero si no se benefician financieramente, de repente se vuelven amargados, resentidos y críticos. Entonces, sucede que se convierten en este tipo de personas que están en un estado constante de consternación y son muy críticas, pero cuando despojas todo lo demás, descubres que son muy críticas solo por una cuestión de dinero.

Obviamente, Allah comenta sobre esto diciendo que esta es una de las marcas distintivas de la hipocresía. Pero de nuevo, no lean ninguno de estos ayats (versículos) como la descripción de un fenómeno exótico. La razón por la que Allah habla de estos ejemplos es porque esto nos representa a nosotros. Encontrarán en cada situación a personas para quienes, en última instancia, el estar contentos o no se reduce a si sienten que se les paga o si son debidamente apreciados mediante el dinero. Todo se reduce al dinero; no es una causa, no es un principio, ni siquiera es verdaderamente una relación con Allah, sino que se reduce a la riqueza material.

(60) Las ofrendas dadas por Dios son sólo para los pobres, los necesitados, los que se ocupan de ellas, aquellos cuyos corazones deben ser reconciliados, para la liberación de seres humanos de la esclavitud, [para] aquellos que están agobiados por deudas, [para toda lucha] por la causa de Dios y [para] el viajero: [esta es] una prescripción de Dios --y Dios es omnisciente, sabio.     

Luego, este versículo que se vuelve axiomático en la ley islámica, en donde habla de la sadaqa, que es cualquier dinero que se supone es por la causa de Dios.  Dice que los receptores de este dinero son los pobres y los necesitados, y para los encargados de ellas (es decir, aquellos que realmente están a cargo de distribuirlas, los contratados para gestionar el dinero y repartirlo; ellos pueden ser pagados con el dinero que se recauda), y para aquellos cuyos corazones deben ser ganados”. Estos últimos son aquellos a quienes se les paga porque el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él), de la misma manera que se recaudaba el impuesto de capitación de algunos, había grupos que no eran musulmanes a los que el Profeta daba dinero para ganarse su amistad o para evitar su hostilidad. Esto estaba, nuevamente, en la ley de naciones de la época. Esto es lo que mucha gente no entiende sobre la institución de la jizya: era muy común que te pagaran dinero, pero también era muy común que tú pagaras dinero para evitar la hostilidad de ciertos grupos, de una tribu o de una nación. No se consideraba degradante para el Profeta ni para los musulmanes pagar a ciertas tribus o clanes para que no fueran enemigos, por lo tanto, este es un destino apropiado para la sadaqa. Y continúa: para liberar esclavos, para liberar a las personas de sus deudas, para apoyar cualquier causa que sirva a Dios y para los viajeros, o en nuestra era moderna, refugiados y personas desplazadas.

Este versículo se convirtió en un pilar en la ley islámica sobre en qué se debe gastar el zakat. Así que, cuando le preguntas a la gente cuáles son los destinos adecuados para el gasto del zakat, este versículo de la sura  At -Tawbah te dice que Allah establece que es para los pobres, los necesitados, para los que trabajan recaudándolo y distribuyéndolo, para las personas cuyos corazones son reconciliados (personas a las que pagas por razones políticas), para liberar esclavos, para liberar a personas de deudas, para la causa de Dios y para los refugiados y desplazados. Hay una larga historia de por qué los juristas musulmanes tomaron este versículo y lo aplicaron a los gastos del zakat, pero lo que este versículo pretendía abordar no es solo el zakat, sino que es un principio general sobre quién tiene derecho a los gastos del Estado. Los eruditos musulmanes de aquel entonces sabían que no podían decirle al Estado quién debía tener prioridad en términos de sus gastos, así que limitaron el versículo solamente al zakat y la sadaqa.

Sin embargo, si miras el contexto, este se refiere a personas que están en una buena posición económica. Sabemos que se supone que estas personas deben dar en lugar de recibir, pero no les gusta dar. Quieren ser parte de la comunidad, pero como describe el Corán, es una cuestión de prestigio; van al Profeta y juran que son parte de la comunidad aunque la gente mire su comportamiento y lo vea sospechoso. En última instancia, su relación con esta comunidad se basa en el interés financiero. Allah viene y les dice que Allah sabe que esperan beneficiarse financieramente del Estado, del Estado creado por el Profeta, pero Allah no quiere dinero de ustedes debido a esa actitud.

¿Por qué? Porque deben entender que el dinero que genera el Estado no es para ustedes. El dinero que genera el Estado está destinado a causas específicas. ¿Cuáles son estas causas? La más fácil de entender para nosotros es fi sabilillah, para apoyar el Jihad en la causa de Allah; todos entendemos eso, ¿verdad? El otro gasto es puramente político: asegurarse de pagar a las personas que necesitas pagar para que no sean enemigos, para que sus corazones sean reconciliados. Esto no tiene que ver con el dinero del zakat, tiene que ver con los gastos del Estado. Y más allá de esto, el dinero tiene que ir a los pobres, a los necesitados y a aquellos que realizan un servicio público sirviendo al bien común (empleados del Estado que sirven al bien público). Y luego está el viajero, la persona que está desplazada, que está lejos de casa y necesita fondos, y para liberar esclavos y liberar a personas de deudas.

La semilla que se está plantando aquí no es solo para el zakat, sino que les sugiero que Allah nos estaba diciendo: “¿Quieren saber cómo construir una sociedad justa? Entonces, cuando organicen sus asuntos de responsabilidad fiscal, asegúrense de que el dinero del Estado se destine a liberar esclavos, a sacar a la gente de las deudas y a cuidar de los necesitados”.

Los pobres y los necesitados deben ser atendidos; las personas desplazadas, las personas sin hogar, los indigentes y los refugiados desplazados deben recibir apoyo. El gasto en fi sabilillah, o en la causa de Dios, abarca instituciones de educación, hospitales y el gasto en el equipamiento de las fuerzas militares. Imaginen si los musulmanes hubieran entendido esta semilla por lo que es. En mi opinión, Allah nos dice claramente en la sura que las prioridades de los fondos del Estado son liberar esclavos, liberar a las personas de sus deudas, cuidar de los pobres y necesitados, y atender a los que no tienen hogar o están desplazados. La función del Estado no es hacer a los ricos más ricos, aunque, de hecho, las políticas fiscales de muchos estados actuales consisten precisamente en eso.

Entiendo por qué el desarrollo de la ley islámica y sus juristas hicieron esfuerzos extremos para afirmar que esto se refería únicamente al zakat. Sin embargo, al leer, encontrarán que este versículo es citado a menudo por los eruditos musulmanes cuando critican o describen una dinastía o un periodo de prestigio particular que no estaba alineado con esta aleya. Ellos se daban cuenta de lo que estoy hablando, pero no lo articularon jurídicamente porque las circunstancias de su época no se lo permitían. No obstante, siempre lo expresaban de una manera esperanzadora y aspiracional, diciendo: “Miren, los califas verdaderamente guiados entendieron de qué trataba realmente este versículo y por eso siempre cuidaron de los pobres, los necesitados y las personas endeudadas”. Pero, ¿quién hace eso en nuestros días?

Al menos, para eso debería pagarse y en eso debería gastarse el zakat. Este es un punto crítico porque, de nuevo, si hablamos de semillas morales, es una de las semillas morales más grandes que se han perdido en el Corán. Allah no nos da a elegir cuando se trata de cuidar a los desplazados y a los que no tienen hogar. Allah dice que es una obligación. No puedes pretender que la única obligación del Estado es construir alcantarillas, calles o puentes. El Estado, de la misma manera que debe gastar en el Jihad, también tiene que gastar en el cuidado de los pobres, los necesitados y las personas con deudas. La esclavitud en nuestra época es el servicio por contrato; hay personas tan pobres que su trabajo equivale a la esclavitud. Si buscas la moralidad del Corán más allá de la ley técnica, es decir, la ética del Corán, dirías que cualquier persona cuyo cuello esté figuradamente esclavizado por la deuda, representa una obligación moral para el Estado de venir y liberar a esa persona de los grilletes de esa relación.

Obtendrías un resultado muy diferente. ¿Pueden imaginar por un segundo si todos los pozos de petróleo que Allah dio al mundo musulmán se usaran así? Es asombroso que, una vez que el califato se desmoronó, descubriéramos que la mayoría de las reservas de petróleo del mundo están justamente en países musulmanes: Irán, Arabia Saudita, Irak, Kuwait... a donde sea que mires. Cualquier ser humano habría sumado uno más uno y dicho: “Allah nos está dando los medios para restaurarnos”. Allah está diciendo: “Sí, sé que se desmoronaron, fue un golpe duro, pero ahora les doy otra oportunidad”. Imaginen si estos recursos petroleros se gastaran de acuerdo con lo que dice la sura. Imaginen la dignidad de un musulmán en nuestro mundo moderno. Imaginen el mensaje que la gente asociaría con el Islam: “Esta es la religión que libera a las personas del cautiverio y de la indignidad de la deuda y la necesidad. Esta es la religión que entiende que la riqueza pertenece a Dios”. Y cuando dices que la riqueza se gasta en la causa de Dios, la causa de Dios es la dignidad de los seres humanos y su bienestar.

Después de esto, Allah básicamente les dice: “No, el dinero del Estado no es para beneficiarlos a ustedes; el dinero del Estado tiene otras prioridades”. Allah vuelve a exponer a otros; aquellos que lo hacen sabrán que lo están haciendo. Este es el estilo de esta sura : aquellos que actúan de esa forma sabrán de quién está hablando el Corán, pero el ejemplo histórico siempre está ahí para enseñarnos una lección.

(61) Y ENTRE esos [enemigos del Islam] hay quienes calumnian al Profeta diciendo: “Es todo oídos” Di: “¡[Sí,] es todo oídos, [y escucha] lo que es bueno para vosotros! Cree en Dios y confía en los creyentes, y es [una manifestación de] la misericordia [de Dios] con aquellos de vosotros que han llegado [realmente] a creer. A aquellos que calumnien al Enviado de Dios –les aguarda un doloroso castigo [en la Otra Vida]”  

(62) [Los hipócritas] juran ante vosotros por Dios [que actúan de buena fe], por complaceros [Oh creyentes] --cuando es a Dios y a Su Enviado a quienes deberían complacer por encima de todo, si son en verdad creyentes.     

(63) ¿No saben que, ciertamente, a quien se opone a Dios y a Su Enviado le espera, en verdad, el fuego del infierno, en el que permanecerá? ¡Esa es la mayor humillación!    

¿Qué marcas o características de la hipocresía aborda ahora la sura At -Tawbah? Estas no son necesariamente personas adineradas; es decir, las dolencias son de un tipo diferente. Primero, veamos el contexto histórico. Hubo varias figuras de las que nos habla la historia islámica, entre ellas un sujeto llamado Nabtal ibn al-Harith. Nabtal ibn al-Harith estaba entre aquellas personas que siempre se encontraban en los círculos del Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). Estaba constantemente en la proximidad cercana del Profeta, pero era un hombre de doble lenguaje. Alaba al Profeta y pretende ser un gran admirador suyo cuando está en ciertos círculos, pero luego va a círculos diferentes, a los círculos de los disidentes en Medina —lo que el Corán llama los hipócritas—. Eran círculos que él sabía que criticaban constantemente al Profeta.

Esto nos lleva de nuevo al tema del papel de la disidencia de la que hemos hablado. Había una oposición y una disidencia seria contra el Profeta en su momento, la cual el Profeta toleraba. Nabtal ibn al-Harith iba a estos círculos y relataba las historias o los eventos y las cosas que escuchaba o experimentaba, pero al relatarlas, lo hacía de manera crítica. En otras palabras, tenía dos caras: cuando estaba con el Profeta, sonaba como un admirador, pero cuando iba a los círculos de los hipócritas o disidentes, decía: “¿Pueden creer lo que dijo? ¿Pueden creer lo que hicieron? ¿Pueden creer esto y aquello?”.

Entre las cosas que Nabtal ibn al-Harith y otros decían sobre el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) era: “Oh, es tan ingenuo; cree cualquier cosa que se le diga”. Eso es lo que significa udhun; literalmente significa “un oído”. Él es “un oído”, queriendo decir que escucha todo y lo cree todo. Noten cómo esto nos ayudaría a entender el carácter del Profeta si nos tomáramos en serio nuestra historia islámica. De la misma manera que los hipócritas iban a él y decían: “¿Podemos ser excusados? Tenemos esta o aquella excusa”, y ellos tomaban su silencio o su asentimiento como un consentimiento pleno. No haces eso con alguien a quien temes; lo haces con alguien que piensas que es tan amable que va a aprobar cualquier cosa. Eso era parte de lo que luego iban difundiendo, porque estas eran personas rudas del desierto. La gente ruda del desierto normalmente respetaba a un líder que fuera cruel, duro y brutal, no a alguien que fuera tierno, gentil, que sonriera, bromeara, recordara tu nombre, jugara con los niños y tuviera un corazón compasivo que cree todo lo que se le dice.

Así que, entre las críticas, decían: “¿Pueden creer a este tipo? Cree todo”. ¿Qué es lo que cree por lo cual se le critica? Se burlan de él por creerse las excusas, porque en su mente pensaban: “Bueno, si no creyeras nuestras excusas, no habrías dado tu aprobación ni habrías dicho que está bien y que comprendes”. Ellos no entienden ese tipo de carácter ético; no entienden ese tipo de moralidad. No entienden que puedes saber perfectamente que una persona te está mintiendo y aun así dejarla pasar porque es lo moralmente correcto. No entienden que puedes comprender que una persona sufre de hipocresía en el corazón o de una profunda debilidad, pero no la confrontas porque sabes que no está lista y que no le beneficiará. Así que dices: “Está bien, sigue tu camino”, porque esa persona tiene que llegar a su propia convicción.

Eso no significa que el Profeta creyera sus excusas. De hecho, estoy convencido de que el Profeta sabía perfectamente que sus excusas eran tonterías por muchos indicios diferentes. Pero eso no significa que te voy a forzar ni que te voy a avergonzar para que hagas lo que no quieres hacer. Allah comenta sobre esto y es increíble, porque imaginen la incomodidad. Hubo ciertas personas como Nabtal ibn al-Harith que siempre andaban merodeando alrededor del Profeta hasta la revelación de este Ayah, y luego dejó de venir porque se volvió muy incómodo.

Allah responde diciendo que, efectivamente, Muhammad es “todo oídos”, escuchando lo que es bueno para ustedes. En mi opinión, lo que está diciendo es: “Sí, el hecho de que sea todo oídos es bueno para ustedes”. Él finge creer todo lo que le dicen, pero no es por una debilidad de carácter como ustedes piensan, sino porque parte de su función es construir confianza en los creyentes. Él no está allí como uno de sus gobernantes tribales tradicionales clásicos para avergonzar, humillar, apartar, perseguir y castigar. Él está allí construyendo el carácter, enseñándoles lo que significa creer en Dios y en este mensaje. Parte de la generosidad de la fe es darles la impresión de que les cree, incluso cuando sabe que están mintiendo totalmente. Es asombroso, es extremadamente profundo; las capas en la sura At -Tawbah son muy densas. Y es precisamente por eso que, al final de la sura , se recordará que él es una misericordia para los que creen. Esto es parte de ser una misericordia: él no está allí para ser el típico gobernante político clásico de Arabia.

También en el contexto de estos versículos hay personajes interesantes como Umair bin Saad. Él se encargó de fingir amistad con los hipócritas o los disidentes; iba a sus círculos y escuchaba lo que decían sobre el Profeta, y luego iba y se lo contaba a los compañeros. Se lo contaba especialmente a Ali y a Abu Bakr, pero sobre todo a Ali, informando lo que esta gente decía. Los disidentes empezaron a sospechar de Umair y comenzaron a decirse unos a otros: “No digan nada, no hablen cuando él esté cerca”, y empezaron a evitarlo. Es realmente interesante que, después de que se reveló esta parte de la sura At -Tawbah, el Profeta le dice a todos que se abstengan de hacer eso. Lo cual, de nuevo, en términos de psicología social, es fascinante. Es como decir: “No queremos vigilantes”. Una cosa es si estás contratando a personas cuyo trabajo es espiar a un enemigo, pero el Profeta no contrató a nadie para espiar internamente. Eso es asombroso, ¿verdad? Tienes disidentes y luego tienes a alguien que se ofrece como voluntario para convertirse en un espía interno, y le dices: “No, gracias, no hagas eso más”.

Entonces, cuando Allah describe al Profeta como una misericordia, empiezas a entender que la ética es la de una sociedad moral elevada. Ahora, la pregunta con la que nosotros, como seres humanos, tenemos que lidiar es: ¿qué necesitamos para construir una sociedad moral elevada? Porque si este es el estándar que Allah está estableciendo para ti y diciendo: “Este es el tipo de sociedad que necesitas”, este es el tipo de sociedad donde se cuida al pobre, se cuida a las personas endeudadas o en servidumbre, se cuida a las personas que no tienen hogar. Si alguien va a pensar que tiene derecho a privilegios y trato especial, dile que se pierda. Entonces, si este es el estándar de la justicia y Allah dice que si realmente hubieras querido este camino habrías hecho lo necesario para emprenderlo... de la misma manera que si quieres construir un edificio tienes que adquirir la materia prima; no puedes decir: “Quería construirlo” pero no conseguiste la materia prima para hacerlo. La justicia es exactamente lo mismo. No puedes decir: “Oh, quiero construir una sociedad justa” pero no adquieres la materia prima para construir una sociedad justa. Y al nivel más básico para hacerlo, tienes que entender qué es la justicia y los procesos —la justicia procesal—, cómo crear procedimientos y procesos que produzcan resultados justos, o que al menos tengan el potencial de producir resultados justos. No es algo que se haga al azar. Esto pasaría si hubiéramos entendido las semillas éticas que Allah nos dio.

(64) [Algunos de] los hipócritas temen que sea revelado un [nuevo] sura [como prueba] contra ellos, que les haga entender lo que hay [realmente] en sus corazones. Di: “¡Seguid burlándoos, que, ciertamente, Dios divulgará eso que tanto teméis!”    

(65) Y, ciertamente, si les preguntas, responderán: “Sólo estábamos charlando y bromeando.” Di: “¿Os burlabais de Dios, de Sus mensajes y de Su Enviado? (66) ¡No deis excusas [vanas]! ¡Habéis renegado de la verdad después de [haber declarado] vuestra fe [en ella]!” Aunque eximamos de pecado a algunos de vosotros, a otros les castigaremos --porque estaban hundidos en el pecado.      

Hay numerosos relatos sobre esto porque describe a aquellos que decían cosas, pero que al ser confrontados por decirlas, afirmaban: “Solo nos estábamos divirtiendo”. Subamos un peldaño y pensemos: ¿qué significa que la gente diga “solo nos estábamos divirtiendo”? En pocas palabras, estaban diciendo: “Oh, vamos, no nos tomen tan en serio, no hablábamos en serio, solo estábamos expresando cosas”. Incluso llegan a jurar, como dice Allah, juran que no hablaban en serio. Pero Allah les dice que Él conoce la gravedad de lo que de hecho estaban diciendo, y la verdad del asunto es que eso proviene de su falta de fe. Muchos comentaristas pasan esto por alto: Allah dice que fueron creyentes en un tiempo, pero ya no lo son.

Se refiere a un grupo de personas cuya fe se debilitó. Hablaremos específicamente de algunos de estos individuos un poco más tarde, pero bajo el estrés de lo que estaba sucediendo, su fe flaqueó y se permitieron participar en un tipo de charla en la que, si tuvieras fe real, no participarías.

Entonces, ¿cuál es el contexto histórico más específico? Mientras se lleva a cabo la preparación para Tabuk y mientras marchan hacia allá... estas son personas que no se quedaron fuera ni pusieron excusas; fueron personas que realmente se unieron, que no se resistieron y de hecho salieron hacia Tabuk. Pero en la marcha a Tabuk, como veremos, algunos de los soldados ni siquiera tenían calzado suficiente. No tenían suficientes camellos o caballos, por lo que muchos soldados tenían que turnarse para montar: se asignaban cinco personas a un caballo, donde una persona montaba y el resto caminaba, y así sucesivamente.

Parte de lo que encuentran es una sed intensa; se quedan sin agua y no pueden encontrarla. La marcha hacia Tabuk no es territorio familiar. Los pueblos del desierto tienen viajeros que conocen los puntos de referencia y las áreas, pero cuando viajas por el desierto en un territorio que no te es familiar, el mayor peligro es que no sabes dónde puede estar el agua. Y eso es precisamente lo que sucede en Tabuk: se quedan sin agua. Entre los que marchan en Tabuk, hay quienes empiezan a hablar de sus dudas sobre esta campaña y dicen: “Oh, sabíamos que esto era una mala idea, sabíamos desde el principio que esta era la decisión equivocada”. Algunos decían: “No hablamos porque no queríamos avergonzar a nuestros mayores, pero si nos hubieran pedido nuestra opinión, les habríamos dicho que esta es una idea realmente mala”. Algunos fueron tan lejos como para decir, bajo el estrés de la situación: “Ni siquiera sabemos si Muhammad realmente está recibiendo revelación de Dios; ¿cómo sabemos que esto no es solo algo que él está inventando?”.

Realmente empiezan a decir esto hasta que ocurre un punto de inflexión muy significativo. Por supuesto, en la mitología esto se exagera de diversas maneras, pero hay una lluvia. Y cuando cae la lluvia, significa que la prueba más dura ha terminado porque ahora puedes beber. Por supuesto, en la tradición te contarán historias como que el Profeta tomó arena, sopló y demás; es el tipo de forma medieval de relatarlo. Pero lo histórico parece ser que el Profeta está constantemente haciendo dua para que Allah los ayude, para que Allah los salve encontrando agua, y cae la lluvia. Eso levanta el ánimo de los soldados y  por supuesto, también salva a los pocos animales que son extremadamente valiosos en las circunstancias en las que marchan para encontrarse con los bizantinos. Los bizantinos, que tienen toda una fuerza armada de caballeros y todo el equipo de guerra que puedas imaginar. 

Una vez que cae la lluvia, algunos de los críticos más amargos, ahora que se sienten mejor, dicen: “Oh, no hablábamos en serio, sabíamos que Dios iba a ayudar todo el tiempo”. Por supuesto, los compañeros están extremadamente perturbados por estas personas. Se enteran; sus comandantes les dicen que hay soldados que están disintiendo, que dicen cosas realmente perturbadoras y que están pensando en dar la vuelta y abandonar el ejército porque ahora ni siquiera están seguros de que nada de esto sea verdad. Bajo una prueba sinceramente dura, llegaron a su punto de quiebre.

Pero este es el asunto: esta es la diferencia entre la creencia real y la fingida. Ahora que cayó la lluvia, vuelven y dicen: “Bueno, no hablábamos en serio sobre nada de esto”. El momento pasa y, cuando regresan a Medina, nadie los ha confrontado por lo que dijeron, excepto que Allah viene en la sura y dice: “¿Creen que Allah no se dio cuenta? ¿Creen que Allah no escuchó? Allah sabe que lo que dijeron fue kufr y que, cuando llegó la prueba real, fallaron”. Empezaron a pensar y a decir cosas, y el hecho de que cuando se sintieron mejor se pusieron de mejor humor, dejaron de ser tan oscuros y sombríos y empezaron a decir las cosas correctas... oh, eso es maravilloso, pero eso no significa que Dios lo haya olvidado.

Por eso Allah dice: “Primero, no pongan excusas”. Significa: no pongan excusas, lo que dijeron fue kufr, así que seamos claros al respecto. Ahora que les digo que no pongan excusas y no digan: “Oh, no hablábamos en serio, solo estábamos bromeando”, con todas las cosas diferentes que dijeron... ahora, que Dios los perdone o no... el Profeta no los metió en problemas ni los detuvo; pasó. Pero que Allah los perdone o no, eso depende de Dios.

Fíjense que aquí para este grupo, hay algunos de ustedes que son manzanas realmente podridas; a esas personas Allah las castigará. Con algunos de ustedes, Allah entiende que cedieron en un momento de debilidad y Allah no los castigará, pero aprendan de esto: no pongan excusas. Lo correcto es lo correcto y lo incorrecto es lo incorrecto; aprendan de la debilidad que experimentaron. Allah no nos dice, ni les dice a ellos, quién es quién, porque eso queda en sus mentes y el Profeta no se lo dice. Porque cuando la gente va y dice: “Oh, Dios mío, estoy absolutamente acabado”, la respuesta es: arrepiente ante Dios y pide perdón. En otras palabras, el Profeta no les dice: “Tú estás entre los que serán perdonados” o “Tú estás entre los que no serán perdonados”. Todo lo que el Profeta dice es: arrepiéntanse y pidan perdón a Allah. Por lo tanto, depende de ti pensar, mirar introspectivamente y decir: “¿Estoy entre las manzanas realmente podridas que no merecen el perdón de Dios porque, por ejemplo, sigo haciéndolo, soy un ofensor reincidente? ¿O fue este un momento de debilidad del que aprendí?”. No pongas excusas, asume tus errores.

Incluso hay una narrativa de que doce hombres conspiraron para intentar asesinar al Profeta. He investigado este informe y, quiero decir, no digo que no sea auténtico, pero hay muchas versiones diferentes sobre quiénes eran los doce hombres. Pero creo que hay una pizca de verdad: que hay un grupo de personas que, al ser verdaderamente probadas —y me refiero a ser verdaderamente probadas—, habían empezado a hablar de: “¿No deberíamos deshacernos de Muhammad?” Es difícil ver este reporte, porque ninguna de estas personas fue procesada, exiliada o castigada. Es difícil imaginar que se tratara de un intento de asesinato real, como dicen algunas fuentes. Hay muchas contradicciones sobre esto, sin embargo, lo que creo que es el núcleo de verdad es que, ya fueran doce o seis, como dicen algunas fuentes, algunos empezaron a contemplar la posibilidad de resolver todo el problema diciendo: “Tal vez deberíamos hacer algo para deshacernos del Profeta”. No creo que realmente tomaran medidas afirmativas para planear nada; creo que poco después de que empezaran a tener estas conversaciones, cayó la lluvia. Y ya sabes, cuando te estás muriendo de sed, si tu naturaleza no es muy buena, sale lo peor de ti. Nada como la verdadera dificultad, como el hambre o la sed: si eres una persona verdaderamente buena, se nota, y si eres una persona verdaderamente mala, también se nota.

Creo que estas eran personas verdaderamente malas, no eran buenas personas, y empezaron a fantasear, digámoslo de esta manera, con que “deberíamos deshacernos de este hombre”. Algunas fuentes dicen que Allah le informó al Profeta al respecto, otras fuentes dicen que hubo personas que escucharon, fueron y se lo dijeron a los compañeros, y los compañeros se lo dijeron al Profeta. De todos modos, su respuesta fue: “Oh, solo estábamos bromeando, esto no fue así, nos escucharon mal, nos estábamos riendo”. En otras palabras, empezaron a inventar excusas que no tenían sentido, que eran absurdas; básicamente diciendo: “Oh, no lo tomen en serio, en ningún momento estuvimos contemplando realmente actuar de ninguna forma seria que pudiera dañar al Profeta”, etcétera, etcétera.

Y no creo que estas fueran las únicas personas a las que se pretendía dirigir el mensaje, porque estaba claro que había diferentes grupos. Si miras en varias fuentes, hay una buena cantidad de narrativas sobre el número de personas que empezaron a decir cosas bajo estas circunstancias extremadamente difíciles, ellas caen en diferentes grupos. Estaban las personas que dudaban de la sabiduría, algunos que dudaban de la profecía, personas que contemplaban decir: “Oh, tal vez deberíamos deshacernos de él”. Personas que decían: “Tal vez deberíamos abandonar el ejército y simplemente huir”. Hubo incluso algunos que dijeron: “Tal vez deberíamos desertar y unirnos a los bizantinos”. 

Y de nuevo, hubo algunos de ellos que, cuando el Corán vino y los expuso, dijeron: “Oh, solo estábamos bromeando, no hablábamos en serio, nunca lo tomamos en serio realmente”, etcétera, etcétera. Pero el mismo punto se aplica a todo eso: Allah lo escuchó, Allah sabe la verdad de lo que ocurrió, y es que ustedes cedieron, se quebraron bajo la presión. Algunos de ustedes son verdaderamente criminales en sus intenciones y en su carácter; para otros, es una caída perdonable. Pero una persona sabia no es indulgente consigo misma cuando piensa en la responsabilidad bajo tales circunstancias, porque si tu pecado es del tipo imperdonable y asumes que caes en la categoría de aquellos a quienes Dios perdonará, estás en un serio problema.

Algunos informes dicen que entre aquellos a quienes se dirigió esta revelación, los versículos 65 y 66, había trescientos hombres y ciento setenta mujeres. Los informes que dan números exactos como ese siempre son sospechosos, pero lo que se aprende de ellos es que no estamos hablando solo de un puñado de personas, estamos hablando de un fenómeno.

La otra cosa que debiese decirles es que algunas de las personas mencionadas aquí,  estaban tan arrepentidas, que se confrontaron a sí mismas y se sintieron tan horribles por su debilidad que se transformaron por ello, que siguieron rezando a Dios en todo su proceso de arrepentimiento para morir como un mártir. Y, de hecho, murieron como mártires en una batalla posterior. Así que, cuando miras la Sira, encuentras todo tipo de ejemplos. Encuentras personas que se arrepintieron de verdad y se transformaron, pero también encuentras personas que nunca se enmendaron y siguieron siendo personajes oscuros y sospechosos hasta el día en que murieron. Algunos, como veremos, incluso después de haber sido avergonzados, en lugar de cambiar su conducta, incluso la empeoraron al involucrarse básicamente en el desarrollo de un complot para invitar a la intervención bizantina en los asuntos de Medina.

Ellos incluso agravaron su condición de seres humanos. Allah nos está invitando, estas son solo personas como nosotros. De la misma manera que si esto sucediera hoy, encontrarías todos los tipos: encontrarías a los que se vuelven más tercos, los que se vuelven más desafiantes, los que se vuelven más atroces en su conducta; también encontrarías a los que realmente se arrepentirán y se reformarán por completo. Encontrarás todo tipo de seres humanos. Y es parte de la majestad de lo que el Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él) hizo —y así es como aprendes el amor al Profeta cuando realmente entiendes el carácter de este hombre—: él permitió que todo tipo de seres humanos fueran quienes son. Él no fue un tirano, no fue un déspota, no fue un castigador. 

Parte del enfoque introspectivo de la sura involucra: ¿eres cuidadoso con lo que sale de tu boca?, ¿eres cuidadoso con tu conducta? Esto es en referencia a aquellos que dicen: “Solo nos estábamos divirtiendo y bromeando”. Vivir una vida deliberada, vivir una vida de deliberación e intención, significa que tomas en serio las consecuencias de lo que dices y haces. Si lo que estás haciendo, incluso si crees que te estás divirtiendo, incluso si crees que solo estás bromeando, resulta en una dilución o en oscurecer el valor del compromiso, entonces no hay excusa. La idea de que “oh, solo estamos bromeando, solo estamos jugando” es una excusa que el Corán rebate. Allah toma ejemplo tras ejemplo de las diversas excusas que los seres humanos presentan para diluir la importancia de su compromiso y derriba estas excusas una tras otra.

A los hipócritas, o a aquellos que tienen varios niveles de hipocresía en su corazón, se les promete que sufrirán duras consecuencias. Aunque mi opinión es que estaba prediciendo lo que sucedería después de la muerte del Profeta. Y luego viene esta impactante confrontación: sus excusas son inaceptables, Dios no acepta estas excusas. De hecho, para algunos de ustedes, el resultado neto es que han caído en el kufr (la incredulidad), ya se han alejado muchísimo del iman (la fe). Es significativo que en la sura At-Tawba, normalmente nuestra mente piensa que si Allah le está diciendo a alguien “ahora se han convertido en kuffar” pensaríamos: “Ah, de acuerdo, de lo que está hablando es de apostasía y de una respuesta estructural institucional a la apostasía”. En otras palabras, la ley interviene y dice: “Bueno, ya no son creyentes y, como ya no son creyentes, aquí están las consecuencias legales”.

Sin embargo, es extremadamente informativo y educativo que, aunque Allah habla de kufr, Allah no sigue esto con una respuesta legalista estructural. No dice: “Bueno, ahora que son kuffar, han perdido el derecho a vivir entre nosotros”, o “ahora que son kuffar, sus matrimonios se han disuelto”, o “ahora que son kuffar, sus hijos no pueden heredar de ustedes”. Pero vean, esto es lo notable: Allah no está hablando estructural o institucionalmente. Allah no está hablando de la respuesta legal. Allah le está hablando a su conciencia. Aunque la ley todavía los considere musulmanes —porque no hubo evidencia de que ningún matrimonio fuera disuelto, ni consecuencias en las leyes de herencia, y veremos otro ejemplo de esto que es bastante significativo—, sigue siendo extremadamente profundo y devastador si confrontas a las personas y les dices: “¿Se dan cuenta de que se han alejado tanto del iman que, a los ojos de Dios, independientemente de cómo los vea la ley, son similares a los kafarun en lugar de ser creyentes?”.

Si tuviéramos pensadores maduros y constitucionales, esto tendría ramificaciones profundas para entender la naturaleza del Estado y el ámbito de la ley en un Estado islámico. Es muy significativo que incluso cuando se trata de asuntos de alto interés nacional, Allah sigue hablando a la conciencia y no inicia una “caza de brujas” por parte del sistema legal para perseguir a la gente y crear inquisiciones de fe. Una de las cosas que encontré notable es que tienes al Corán diciendo “se han vuelto incrédulos después de haber sido creyentes”, así que busqué si hubo alguien que dijera: “Muy bien, ¿quiénes son los kuffar entre nosotros? Vamos tras ellos”. Porque eso es lo que esperarías en un contexto medieval. En un contexto medieval, esperarías inquisiciones, esperarías investigaciones, esperarías juicios por la fe. Ese es el marco medieval clásico. Si acusas a la gente de traición, el sistema legal responde diciendo: “Tenemos que crear cortes marciales para investigar y desenterrar la traición”. Pero puedes buscar y buscar tanto como quieras y no encontrarás un solo ejemplo en el que el Profeta permitiera una investigación inquisitorial sobre quién es un munafiq (hipócrita) o un kafir y quién no.

¿Tiene esto serias ramificaciones para cómo entendemos el Estado moderno o cómo entendemos el papel de la religión? Absolutamente. Porque está claro que Dios le está hablando a la conciencia de las personas y claramente Dios está exponiendo a aquellos que son munafiqun ante sí mismos, diciendo: “Te estoy exponiendo ante ti mismo”. Pero cuando hubo algunos de los discípulos del Profeta que respondieron a estos versículos diciendo —y verán hacia dónde vamos con esto porque creo que les volará la cabeza—, que respondieron diciendo “vamos a por ellos”, el Profeta los detuvo. Dijo: “No, no vamos a hacer tal cosa. No vamos a salir a buscar a nadie, no vamos a expulsarlos, no vamos a crear una cultura de persecución ".

Bien, pero ahora miren. Después de decir “no pidan disculpas, no pongan excusas, saben que su fe se ha debilitado hasta el punto de que apenas existe”, ahora bien, algunos de ustedes podrían tener más fe que otros, pero sigo en el versículo 67. 

(67) Los hipócritas y las hipócritas son todos uno: ordenan la conducta inmoral y prohíben la conducta recta, y refrenan sus manos [de hacer el bien]. Se desentienden de Dios y por eso Él se desentiende de ellos. En verdad, los hipócritas --¡ellos son, precisamente, los verdaderos perversos!       

Hay un ejemplo con Al-Yulas ibn Suway, que cuando Allah viene y  dice esto, se arrepintió hasta el punto de decir: “Allah, dame el martirio, quiero morir en batalla”, y Allah se lo concedió. La historia de Al-Yulas ibn Suwayd es la historia de una conciencia muy viva. Él no va al Profeta a decirle: “Soy uno de esos hipócritas, ¿verdad?”, para que el Profeta diga: “Sí, lo eres”. No, eso no es lo que sucede. Al-Yulas atraviesa una dinámica de preguntarse a sí mismo sobre sus verdaderas creencias y su verdadera voluntad de compromiso, y llega a la conclusión de que está entre los munafiqun. Solo entonces va al Profeta diciéndole: “Por favor, pídele a Allah que me conceda mi súplica de morir como mártir”. Para mí es fascinante que, cuando ves un ejemplo de esto, te das cuenta de que no existen registros de personas que se acercaran al Profeta preguntando: “¿Sabes si estoy entre ellos (los hipócritas)?”, aunque eso es lo que uno esperaría que sucediera. Pero, de hecho, el Profeta (PB) subraya este elemento de mirar hacia adentro: mira en tu interior, hazte las preguntas a ti mismo, no me las hagas a mí; nadie más debe juzgar a otro, se trata de cómo te juzgas a ti mismo.

Entonces, lo que Allah dice en el versículo 67 es como decir: “¿Quieres entender las marcas distintivas de la hipocresía (nifaq)?”. Bueno, aquellos que han caído en un estado de hipocresía, efectivamente, han olvidado a Dios. Podrías decir: “Pero algunos de ellos, muchos en realidad, sí venían a la oración”. Sí, pero eran perezosos; arrastraban los pies para orar. Sí, inventaban excusas para faltar a muchos Yumu'a (viernes de oración), pero todavía había evidencias de que muchos de ellos seguían rezando. Odiaban dar limosna, pero aun así lo hacían. Por lo tanto, su “olvido de Dios” no es algo literal, en el sentido de que realmente olvidaron Su existencia. Entonces, ¿cómo es que lo olvidaron?

Bueno, cuando observas cómo interactuaban con los demás, encuentras la clave. Quizás el lenguaje del Corán ha perdido su significado para nosotros porque hemos socavado el impacto del lenguaje. Pero observa esto: los hipócritas y las hipócritas son unos como otros. En el versículo 67 dice “Siempre cierran sus manos para no hacer el bien”. La expresión en árabe significa que tu actitud, lo que marca tu actividad o lo que describiría adecuadamente la naturaleza de tus acciones, es limitar, restringir, advertir en contra o filosofar sobre la limitación de hacer el bien, en lugar de lo contrario.

En lugar de tener una actitud liberal y abierta hacia la bondad, este es el tipo de persona que viene y dice: “Bueno, ¿realmente confías en que el dinero que estás dando se está usando correctamente? ¿Realmente confías en que la persona a la que alimentas tiene hambre de verdad? Oh, escuché que esa persona solo es perezosa y no le gusta trabajar”. Nuevamente, el problema no es si tienen razón o no en sus evaluaciones; el problema es su actitud moral. Ahora, den un paso atrás: ¿cómo han olvidado a Dios? Lo han hecho porque lo que motiva su actividad, o la falta de ella, no es la recompensa con Allah ni la idea de que Allah me recompensará por mis buenas intenciones. Una persona que realmente trata con Allah dice: “Bueno, yo daré; ahora, si tú le das un mal uso a los fondos, eso recae sobre ti, no sobre mí, porque lo que me importa es mi relación con Allah”. Mi actitud es de generosidad y apertura, no lo opuesto.

La persona que ha olvidado a Allah siempre busca controlar los resultados; es un controlador compulsivo: “No daré a menos que sepa exactamente cuáles serán las consecuencias”. Así que su actitud, cuando Allah los confronta con que han olvidado a Dios, es que son ese grupo que en nuestro lenguaje de hoy llamaríamos los escépticos de la sociedad, el grupo de los que siempre cuestionan todo. Recuerden el tema crítico: van a enfrentarse al Imperio Bizantino. Por supuesto, las personas que quieran plantear un millón de objeciones racionales pueden hacerlo, porque suena bastante loco que los árabes, que han estado subordinados a los bizantinos durante siglos y nunca se han atrevido a desafiarlos por tanto tiempo, tras haber fallado repetidamente en afirmar cualquier nivel de autonomía frente a ellos, ahora, justo después de la derrota de La Meca, vayan a presentar batalla para rechazar el dominio bizantino sobre ellos.

Claro que puedes plantear un millón de objeciones racionales, y Allah mira a estas personas y les dice: “Miren su propia dinámica. Miren de qué hablan. Miren lo que conversan entre ustedes. Miren sus consejos, sus deliberaciones y sus relaciones como seres humanos”. No se trata de bondad; siempre se trata de oscuridad. Siempre están hablando, quejándose; son siempre ese sector que se ve a sí mismo como agraviado, como más sabio que todos los demás. Siempre están hablando de los motivos para el disenso y la abstención. Pero lo que realmente te motiva, si fueras verdaderamente honesto contigo mismo, es puramente tu interés propio. Lo que realmente te motiva es que tienes tu propia “pequeña parte del mundo”, tu pequeña porción del mundo, y no quieres que ocurra nada que ponga en peligro esa pequeña parte. Tienes tu propia estabilidad, tu pequeña rutina, tu propio protocolo a los que te has acostumbrado y de los cuales te beneficias. Todo de lo que hablas es para mantener esa pequeña parte de tu mundo. No se trata de Dios, ni de la causa de Dios, ni de este mensaje, ni de una causa noble: se trata de ti. Y tus deliberaciones con personas similares a ti son todas de la misma naturaleza.

(68) Dios ha prometido a los hipócritas y a las hipócritas --y también a los que [abiertamente] rechazan la verdad - el fuego del infierno, en el que permanecerán: esta será su porción asignada. Pues, Dios les ha rechazado, y les aguarda un castigo duradero.

Por supuesto, Allah les dice que las consecuencias de esto en el Más Allá son desastrosas; esto está en el versículo 68. Pero Allah también les habla de las consecuencias de este hecho: de obstruir públicamente el bien, de obstruir las donaciones y la ayuda a los demás en lugar de lo contrario. Allah les recuerda un prototipo que el Corán utiliza frecuentemente. Noten que cada vez que el Corán quiere decirnos que las personas pueden crear civilizaciones humanas que parecen estables, poderosas, inmutables e inalterables, también nos dice que, por mucho margen que Allah dé a las personas —oportunidad tras oportunidad para construir estas civilizaciones—, las consecuencias de sus propias necedades terminan por derrumbarlas a su debido tiempo.

Allah siempre usa ejemplos prototípicos: el pueblo de Ibrahim, Noé, de Aad, de Zamud etc. Podrías preguntarte por qué Allah sigue usando los mismos ejemplos. Es porque quiere decirte: recuerda que puedes construir civilizaciones que parezcan muy estables y poderosas, pero cuando están ancladas en la necedad, se derrumbarán. Al usar estos ejemplos prototípicos, el punto no es la microhistoria; el objetivo no es que conozcamos los detalles exactos de lo que sucedió (casi no hay excepciones a esto en el Corán). Se trata de invocar una metáfora para la idea: la idea de aquellos que construyen civilizaciones y cómo estas colapsan cuando están ancladas en la injusticia.

(69) [Diles: “Sois] como aquellos [hipócritas] que vivieron antes que vosotros. Eran más poderosos y poseían mayor abundancia de bienes y de hijos que vosotros; y disfrutaron de su porción [de felicidad]. Y vosotros habéis estado disfrutando de vuestra porción --igual que disfrutaron de la suya quienes os precedieron; y habéis tomado parte en charlas difamatorias -- igual que hicieron ellos. ¡Esos son aquellos cuyas obras serán en vano --y ellos son, precisamente, los que están perdidos!”

(70) ¿No han llegado a conocimiento de esos [hipócritas y negadores de la verdad] las historias de aquellos que les precedieron --[las historias] del pueblo de Noé, de [las tribus de] Aad y de Zamud, del pueblo de Abraham, de la gente de Madián y de las ciudades que fueron destruidas? A [todos] ellos les llegaron sus enviados con todas las pruebas de la verdad [pero les rechazaron:] y por eso no fue Dios injusto con ellos [por Su castigo], sino que ellos fueron injustos consigo mismos.

Cuando observas el versículo 69, primero Allah les dice que, al igual que ellos, aquellos pensaron que todo se trataba de sus propios intereses; al igual que ellos, se perdieron en sus indulgencias diarias; al igual que ellos, pensaron que todo se trataba de su pequeña parte del botín e invirtieron en ella esperando verla crecer. En otras palabras, al igual que ellos, se entregaron a la ilusión de la existencia. Pero luego, en el 70, la conclusión final es que, cuando se derrotaron a sí mismos —tal como ustedes se derrotan con su hipocresía—, Allah no los trató injustamente. Fue su propia injusticia la que los derrotó. No fue Allah quien fue injusto con ellos.

Es lo mismo que el problema de la teodicea; a menudo lo que se contempla es el problema del mal. Allah repite que hay una parte de lo que vemos como mal que es simplemente necesaria: para que la vida exista, debe haber oscuridad. Esta es la eterna pregunta filosófica de la naturaleza misma del bien: ¿puede existir lo bueno sin su contraste? Pero gran parte del mal producido es el mal que tú mismo creas efectivamente a través de la debilidad de la hipocresía humana. Los seres humanos plantean ideales y defienden principios como la justicia, pero no son serios con esos principios que proclaman. Allah interviene constantemente para salvar a los seres humanos de sus necedades, pero en última instancia, cuando tus propias necedades te alcanzan, la pregunta que surge mientras el ser humano sufre es: “Dios, ¿por qué me está pasando esto a mí?”.

Aquí está la lección más dura: te está pasando porque hay un patrón generacional acumulativo de malas acciones que finalmente te ha alcanzado. La triste realidad es que Allah puede darte un espacio muy equilibrado, un espacio que preserva la vida con la belleza cosmológica que Él crea. Pero si la primera generación viene y contamina ese espacio, la segunda generación viene y lo contamina más, la tercera, la cuarta... hasta llegar a la décima y luego a la undécima generación, la contaminación ha llegado a un punto donde todo se ha vuelto tóxico. Nada puede ser irrigado, nada crece, no hay comida, no hay vida; solo hay enfermedad y necedad. Y entonces le dices a Allah: “Dios, ¿por qué estoy sufriendo?”. Bueno, ¿has mirado a las diez generaciones anteriores a ti que han estado contaminando este espacio? Si quieres preguntarle a Dios, pregúntale por el espacio antes de esas diez generaciones; cómo era antes de que ellas lo ocuparan y cuáles fueron las instrucciones y lecciones que Dios dio a la primera generación que habitó ese lugar.

Pero pasaron diez generaciones y cada una simplemente se entregó a sus deseos. Por eso necesitas un Más Allá: para que, en la medida en que estas generaciones hayan cometido injusticias contra la undécima generación, haya un recurso y haya justicia en la otra vida. Pero la salida fácil y la falacia lógica que ves cometer consistentemente a los seres humanos es que los miembros de esa undécima generación miran inmediatamente a Dios y dicen: “Dios, ¿por qué nos has puesto en un espacio tan asqueroso?”. Así pues, no es Allah; es la propia injusticia de los humanos la que derrota constantemente a otros seres humanos y causa este hundimiento y destrucción final.

(71) Y LOS creyentes y las creyentes están próximos unos de otros: [todos] ellos ordenan la conducta recta y prohíben la conducta inmoral, son constantes en la oración, pagan el impuesto de purificación y obedecen a Dios y a Su Enviado. Sobre esos derramará Dios Su misericordia: en verdad, Dios es todopoderoso, sabio.

(72) Dios ha prometido a los creyentes y a las creyentes jardines por los que corren arroyos, en los que permanecerán, y hermosas viviendas en jardines de felicidad perpetua: pero la complacencia de Dios es la mayor [felicidad de todas] --pues este es, precisamente, el triunfo supremo.

Luego, Allah contrasta el estado de hipocresía con el estado de creencia y es extremadamente significativo y detallado. El contraste ahora dice: “Los creyentes y las creyentes son aliados (awliya') unos de otros”. Pero primero, ¿qué es el Wala'? (expresión en árabe del versículo) Es un vínculo; un vínculo de cuidado. No tienes Wala' si no tienes la virtud común de preocuparte los unos por los otros. Lo primero que Allah te dice es que, si quieres entender a los creyentes, los creyentes se cuidan entre sí; se preocupan por la idea misma del cuidado. Los hipócritas, en cambio, solo se preocupan por los suyos. No es que se preocupen por toda la Ummah; solo se preocupan por aquellos que tienen propiedades, o por los miembros de un grupo comercial privilegiado, o por miembros de ciertos clanes. Su ética de cuidado es, por naturaleza, limitada a una facción. Es por eso que siempre pienso que, si tan solo los musulmanes entendieran la sura At -Tawba, no existiría la idea de que podríamos ser buenos musulmanes y no preocuparnos por lo que les sucede a los musulmanes en la India o Cachemira, o no preocuparnos por lo que les sucede a los musulmanes en China o, ya saben, podemos hacer las paces con Israel y no agobiarnos por lo que les sucede a los musulmanes en Palestina. En el momento en que partes de esa premisa, has pasado del iman (la fe) al nifaq (la hipocresía) inmediatamente; es algo que no tiene cabida. En el minuto en que comienzas con esa premisa, te has unido de hecho al grupo de los hipócritas.

En segundo lugar, si viven como musulmanes pero no compiten entre sí para alcanzar la bondad y buenas acciones, si solo vives diciendo “bueno, mi vida es buena, no voy a preocuparme por tu vida; yo estoy disfrutando de las cosas, no voy a preocuparme de si tú las estás disfrutando; yo estoy a salvo, feliz y seguro; tú no estás a salvo, ni feliz, ni seguro, pero ese no es mi problema”. Si dices: “Bueno, ya sabes, como musulmán mi trabajo es cuidar de mí mismo y de mi familia y eso es todo”, pasas del iman al nifaq. 

Es por eso que, si la gente entendiera esta sura, vería que la “teología del egoísmo” que algunos en el islam moderno están intentando con mucho esfuerzo legitimar y convertir en ortodoxia es contraria al mensaje de Dios. El decir que puedes ser un buen musulmán en Gran Bretaña y no preocuparte por el racismo, o que puedes ser un buen musulmán y no preocuparte por el veto a los musulmanes en America y no preocuparte por todos aquellos que están sufriendo porque son refugiados, es hipocresía. Iré a mi tumba sabiendo que esta es la verdad: la teología del egoísmo es, por definición, la teología del nifaq. Por definición, en la sura At-Tawba, Allah está señalando y diciendo ¿quieren entender a los hipócritas? Mira dónde están las personas que solo les importa su propio beneficio personal. Por el contrario, aquellos que no olvidan a Allah —aquellos que no están en un estado donde han olvidado a Allah y, por tanto, Allah no los olvidó a ellos— están constantemente compitiendo entre sí con el compromiso de maximizar lo que es bueno. Están obsesionados con ver la bondad maximizada en la vida.

No puedes lograr lo que es bueno mediante el activismo si antes del activismo no hay comprensión. ¿De dónde viene la comprensión? Viene de la educación. Así que no puedes decir: “Bueno, voy a ser un activista para servir al bien”. Sí, pero primero tienes que entender qué es el bien. Se requiere mucha educación, por ejemplo, para entender lo que nuestra Tierra necesita hoy; sin educación no puedes. Escuchen, una persona ignorante no sabrá que estamos matando a la Tierra, ¿por qué? Porque no tienen el conocimiento científico para entender lo que le están haciendo al planeta. Se requiere de una persona educada para decir: “¡Dios mío, estamos destruyendo la creación de Dios!”. Eso se logra a través de la educación.

No puedes empezar a hablar de una solución sin educación, una persona ignorante no se dará cuenta de la magnitud del costo humano que supone que las personas no tengan un recurso médico adecuado cuando están enfermas. Muchas personas que no entienden este problema es porque son ignorantes, no están educadas. Cuando te educas, dices: “Dios mío, no tenía idea del costo humano para la sociedad cuando tantas personas pueden enfermarse gravemente y no encontrar recurso alguno para una atención médica adecuada”. Pero se requiere una gran cantidad de educación para arreglar el desastre que las generaciones anteriores han creado.

Saben, la tendencia de la gente es leer esto cuando Allah habla de ello y decir: “Ah, de acuerdo, Allah habla de esto, seamos activistas”. El activismo es bueno, pero tiene que ser un activismo que realmente tenga visión, un activismo que vea. Un activismo que se base en un compromiso verdadero con la bondad a través del conocimiento. Mucho mal se perpetúa debido a la inactividad, pero no pueden imaginar cuánto mal se perpetúa simplemente debido a la ignorancia. Y es por eso que las personas que son verdaderamente malvadas invierten tanto en la desinformación. ¿Qué es la desinformación? Es mantenerte ignorante. Es decir: “No quiero que sepas los hechos”.

(73) ¡OH PROFETA! Combate duramente a los que niegan la verdad y a los hipócritas, y sé inflexible con ellos. Y [si no se arrepienten,] tendrán por morada el infierno --¡qué horrible punto de destino!        

(74) [Los hipócritas] juran por Dios que no han dicho nada [impropio]; pero ciertamente han pronunciado palabras que equivalen a un rechazo de la verdad, y [con ello] han rechazado la verdad después de [haber declarado] su autosometimiento a Dios: pues aspiraban a algo que estaba fuera de su alcance. ¡Y nada pueden objetar [a la Fe] excepto que Dios les ha enriquecido y [ha hecho que] Su Enviado [les enriquezca ] de Su favor! Así pues, si se arrepienten, será por su propio bien; pero si se apartan, Dios hará que sufran un castigo doloroso en esta vida y en la Otra, y no encontrarán en la tierra quien les ayude, ni nadie que [les] preste auxilio.

En otras palabras, van a estar en la sociedad, vas a estar interactuando con los que niegan la verdad; por lo tanto, es aún más crítico que mantengas una postura firme en cuanto a los principios que te diferencian de ellos. ¿Por qué es esto importante? Porque algunos intérpretes modernos leen esto y lo interpretan como “sé cruel con ellos”. No significa ser cruel con ellos, y no hay evidencia de que el Profeta —y de hecho veremos lo contrario—, de que el Profeta o el islam, como representante de la institución del Estado, tratara con ellos de forma cruel o incluso ruda.

Hay muchas narraciones porque, si miran el 74, parece referirse a un incidente o incidentes específicos, ya que dice que juran que no pronunciaron palabras de kufr, pero Allah sabe que de hecho sí las pronunciaron. Aquí hay un ejemplo donde el Corán parece estar hablando de un incidente histórico. Al observar las muchas y diferentes transmisiones o narraciones, encontramos versiones que compiten sobre quiénes fueron los individuos involucrados y qué ocurrió precisamente. Tenemos narraciones, por ejemplo, de que alguien como Wadi'a ibn Thabit, cuando se dirigían a Tabuk y las cosas se veían muy sombrías —porque se quedaron sin agua en el desierto, estaban agotados, mal armados y mal equipados—, se debilitó en su fe. Aunque había participado anteriormente en varias batallas, al enfrentarse a toda esta presión, los informes dicen que él y algunos de sus amigos empezaron a hablar sobre si tal vez “todo esto no es cierto” o “él no es un profeta”. Es la naturaleza de los seres humanos cuando son probados con la adversidad.

Pero aún más convincentes son las narraciones que nos dicen que personas como Wadi'a ibn Thabit no hablaron con otros sobre sus dudas, sino que hablaron consigo mismos sobre ellas. Encuentro estos informes aún más convincentes: que bajo las penurias empezaron a pensar para sus adentros. Incluso hay algunos informes de que cuando las cosas se veían sombrías y estaban sedientos, agotados, cansados y cubiertos de polvo, empezaron a sentir “¿qué sentido tiene rezar?” y algunos de ellos se saltaron algunas oraciones. Si buscan en el comentario de Al-Baji sobre el Corán, o incluso en Al-Shawkani, se ofrece toda una gama de informes. Cuando observas la transmisión de estos informes, es muy difícil decidirse, pues todos son más o menos iguales en cuanto a autenticidad de transmisión.

Lo que creo, de nuevo, es que el Corán está hablando de un momento cuando llegó la revelación inicial de la sura. En el área de la que hablamos antes, cuando Allah les dice a las personas: “Saben que han cometido nifaq”. Hay varios individuos que se confrontaron a sí mismos por el hecho de haber expresado dudas a otros o por haber experimentado la duda internamente, aunque no necesariamente la comunicaran. Pero esto tuvo consecuencias, como que algunos empezaron a contemplar el abandonar el ejército, otros efectivamente lo abandonaron y regresaron a casa; algunos, como dijimos, se saltaron oraciones diciendo “no tengo ganas de rezar”.

Claramente, algunos de ellos fueron al Profeta —y tenemos informes contradictorios sobre quién fue exactamente— y empezaron a jurarle: “Ya sabes, puede que hayas oído que dije esto o aquello; juro por Dios que no lo dije”. Eran básicamente los culpables delatándose a sí mismos. De nuevo, el Profeta (PB) cuando venían a él y le decían “te juro que puede que hayas oído esto, pero juro que no”, él simplemente aceptaba lo que le dijeran. Recuerden que hablamos de aquellos que decían: “Oh, sí, él es solo un oído”, porque cree cualquier cosa que se le diga. Pero Allah interviene y dice a través de ellos: “No, Allah sabe que lo dijiste y estás mintiendo”. Una vez más, delatando a estas personas ante sí mismas. Porque una cosa es que reconozcas que estás entre los culpables y hagas responsable, pero otra muy distinta es que, en lugar de arrepentirte, lo empeores yendo a jurar falsamente; básicamente, mintiéndole al Profeta sabiendo que estás mintiendo.

Y ahora llegamos a “pretendían algo que estaba fuera de su alcance”. Como dice  en la traducción, “aspiraban a algo que estaba fuera de su alcance”. Varios comentaristas observaron esto y dijeron: “Oh, bueno, esto debe referirse al complot para asesinar al Profeta (PB) en Tabuk”. Según se informa, conspiraron para intentar asesinarlo, aunque no parece que esta conspiración para asesinar fuera seria. Algunos informes dicen que Allah le contó al Profeta sobre la conspiración y el Profeta simplemente cambió su agenda, por lo que no hubo intento. Otros informes dicen que no, que fue que estas personas hablaron sobre asesinar al Profeta, pero nunca llegó a ninguna parte, nunca hicieron realmente un esfuerzo. Pero no hay evidencia de que esta aleya se esté refiriendo realmente a este supuesto complot de asesinato y, como dije antes, no quiero decir que sea dudoso que hubiera realmente un complot de asesinato. 

Mi lectura de las fuentes es que probablemente hubo algo de lo que diríamos, ya saben, un tipo de queja y lamento: “Oh, deberíamos matarlo”, pero no fue realmente un complot. Ese es mi presentimiento, y eso fue en Tabuk. Pero hay incluso menos evidencia de que esto sea de lo que habla esta aleya, de que se esforzaron por algo pero no lo lograron. El lenguaje no encaja y creo que, en el contexto de la aleya, es porque justo después de esto comienza a hablar sobre qué causó sus fallas morales. En otras palabras, no está hablando de personas que fueran necesariamente criminales , sino más bien que está hablando de un problema con el iman. 

Creo que el significado es mucho más directo y mucho más obvio: comenzaron queriendo ser creyentes. Comenzaron diciéndose a sí mismos: “Vamos a ser buenos musulmanes”, pero fracasaron. Y Allah nos dijo justo después de esto por qué fracasaron. Entonces, ¿por qué fracasaron? ¿Por qué es que se esforzaron por ser creyentes y no tuvieron éxito en serlo? Si se detienen y reflexionan cuidadosamente sobre el Corán, aprenderán mucho. Su problema, y Allah se los dijo, no es porque se les negara algo; en realidad, es porque fueron bendecidos con posesiones. Estas son personas que, cuando no tenían nada que perder, estaban comprometidas y dispuestas a sacrificarse. Pero cuando realmente lograron cierto éxito en esta Dunya (mundo terrenal), alcanzaron algo de riqueza. Y la ironía es que para varias de estas personas eran personas de medios muy modestos. Y la única vez que tuvieron posesiones que los convertirían en clase media alta, por así decirlo —nunca fueron la aristocracia ni nada por el estilo, sino clase media alta—, fue debido al hecho de que La Meca fue derrotada y debido a grandes victorias como la victoria sobre Khaybar y la victoria después de la Batalla de la Trinchera (Jandaq). Pasaron de ser personas sin medios a personas con medios considerables, y esa fue la prueba que resultó ser su perdición. Aspiraban a la fe pero, a la hora de la verdad, dieron prioridad a lo material y olvidaron que cualquier bendición que tengan vino de Allah.

Recuerden lo que, en el periodo mecano, repetidamente Allah nos advierte en el Corán: que cuando los seres humanos alcanzan un nivel de éxito, comienzan a pensar que son autónomos y empiezan a decir: “Bueno, ya saben, ¿realmente se debe a Dios?”. Esa mezquindad en la psicología humana. Y es por eso que Allah les está diciendo: “Estabas dispuesto a sacrificarte cuando no tenías nada y, cuando Allah te dio, eso fue la causa de la debilidad de tu fe”. 

Esta expresión coránica siempre me ha perseguido, siempre está tras de ti, porque ¿con qué frecuencia hablamos de metas en el iman, pero realmente no hacemos lo que sería necesario para alcanzar esas metas en el iman? Así que hablamos de: “Oh, queremos este tipo de iman, queremos este tipo de fe”, pero cuando llega el momento, preferimos consistentemente nuestra comodidad o damos prioridad consistentemente a... “Bueno, ya saben, estoy demasiado cansado, estoy demasiado agotado, tengo esta o aquella prioridad”. Y entonces recuerdas que es como si lo que te hace caer en la hipocresía es cuando confías en aquello por lo que te esfuerzas como prueba de tu bondad, en lugar de aquello por lo que realmente trabajas duro. Mucha gente piensa: “Mientras tenga los objetivos correctos, las metas correctas, oh, estoy bien porque estoy trabajando hacia ellos”. Pero, ¿realmente lo estás?

(75) Y entre ellos hay quienes se comprometen ante Dios [diciendo]: “¡Si en verdad nos concede [algo] de Su favor, gastaremos en limosnas y, ciertamente, seremos de los justos!” 

(76) Pero tan pronto como Él les da [algo] de Su favor, se aferran a ello con avaricia y se apartan obstinadamente [de lo que habían prometido]: (77) y Él hace por esto que la hipocresía eche raíces en sus corazones [y permanezca en ellos] hasta el Día en que se encuentren con Él --porque han faltado al compromiso que hicieron ante Dios, y porque eran dados a mentir.  

Aquí está el caso a menudo reportado de Tha'laba al-Ansari., Tha'laba era un buen hombre entre los primeros conversos y alguien que tenía un buen historial. Tha'laba estaba en la indigencia, tenía muy poco. Y va al Profeta (PB) y critica a las personas ricas que no dan, y le dice al Profeta (PB): “Sabes, si Allah me hubiera bendecido con posesiones, con riqueza, yo sería el más generoso; si dependiera de mí, habría hecho esto y aquello”. Y luego va al Profeta (PB) y le dice: “Reza a Allah para que me dé, para que me enriquezca”. Y el Profeta (PB) le advierte repetidamente contra ello, diciendo: “¿Vas a ser capaz de manejar la responsabilidad de la riqueza?”. Y Tha'laba le asegura al Profeta que haría mucho bien.

Finalmente, el Profeta (PB) reza por él y Tha'laba se vuelve rico; se vuelve muy rico a su debido tiempo. Y poco a poco, primero la gente nota que Tha'laba ya no está entre los primeros en aparecer para la oración. Y luego, eventualmente, deja de aparecer para las oraciones diarias; reza en casa. Y luego, finalmente, dejó de aparecer para el Yumu'a. Y el Profeta preguntó por Tha'laba, y el Profeta dijo en una declaración famosa que se convirtió en una especie de comentario sobre la necedad de lo que Tha'laba se ha hecho a sí mismo: la convicción y la fe y la creencia de que si tan solo tuviera la riqueza, habría hecho todo bien. Y cuando Allah le dio a Tha'laba, eventualmente Tha'laba comenzó incluso a escatimar con los musulmanes cuando se trataba del Zakat. Cuestionaba si “¿acaso no he dado suficiente?” y así sucesivamente. Y el Profeta entonces les dice a los musulmanes, cuando le cuentan que Tha'laba está cuestionando cuánto debería dar —según continúa la historia—, el Profeta dice: “De acuerdo, ya no aceptaré ningún dinero de Tha'laba”.

Cuando llegó Tabuk y Tha'laba quiso donar para apoyar al ejército, el Profeta (PB) le devolvió el dinero y dijo: “No aceptamos dinero de ti”. Él entendió que el significado de esto es que está en graves problemas en el Más Allá, y solía andar rogándole al Profeta que lo perdonara y que aceptara su dinero. Así que la historia de Tha'laba es muy interesante; quiero decir, es una de esas y está tan ampliamente narrada que, ya saben, hay detalles que difieren: ¿perdió su riqueza al final?, ¿donó su riqueza al final?, ¿aceptó el Profeta alguna vez su dinero o nunca lo hizo? Hay desacuerdos en cuanto a eso. Así que lees diferentes informes que discuten sobre estos detalles, pero lo que es notable es cuántas transmisiones hay de la narrativa básica sobre Tha'laba: que él no tenía nada, le pidió al Profeta que rezara por él, el Profeta lo hace, se vuelve muy rico y lentamente se aleja de Dios.  El Profeta está muy triste y dice: “Cuán necio fue el trato que hizo consigo mismo”.

Noten que en el versículo 77, Allah comenta sobre esto, porque muy a menudo la gente, muchas veces, activamente no recordará o activamente se engañará a sí misma para no recordar las promesas que le hicieron a Dios en diferentes puntos de sus vidas. Pasas por un punto de dificultad y haces una promesa a Dios, ya sea que la articules como una promesa o la sientas en tu corazón como una promesa: “Allah, solo sácame de esto” o “Allah, solo ayúdame con esto”. Pero una vez que llega el alivio, una vez que Allah alivia la dificultad, esos mismos sentimientos, esos mismos afectos, ya no se expresan o no son tan deliberados. La consecuencia de eso es que Allah permite que la hipocresía crezca. Esto es como si hubieras abierto la puerta para el nifaq, y el nifaq crece como una bacteria dentro de ti. Allah dice que, por lo tanto, Dios hace que la hipocresía eche raíces en sus corazones, para permanecer allí hasta el día en que se encuentren con Dios. 

La historia de alguien como Al-Yulas es la excepción, no es la regla. Lo peor del nifaq es la capacidad humana, casi ilimitada e infinita, de justificar el no tener principios, de justificar el no estar comprometido o estar cuasi-comprometido. De modo que este hecho se apodera de sus corazones hasta el día en que se encuentran con Dios. 

(78) ¿Es que no saben que Dios conoce [todos] sus pensamientos ocultos y sus conciliábulos secretos, y que Dios conoce plenamente todo lo que está fuera del alcance de la percepción humana?      

Y por supuesto, luego viene el versículo el 78: “¿No saben que, de hecho, Allah sabe lo que hay en sus corazones y sabe lo que pensaron para sí mismos y lo que se dijeron a sí mismos?”. 

(79) [Son estos hipócritas] los que critican a aquellos creyentes que dan por amor a Dios más de lo que están obligados a dar, y también a los que no encuentran [que dar] excepto [los escasos frutos de] su trabajo, y se burlan de [todos] ellos. Dios hará que sus burlas se vuelvan contra ellos, y les aguarda un castigo doloroso. 

Muy bien, ahora llegamos a otro aspecto de la hipocresía u otra faceta del comportamiento hipócrita. Es tentador simplemente pasar por alto esto y desvincularse de este tipo de comportamiento hipócrita. Pero de nuevo, te detienes, reflexionas y piensas en lo que Allah está describiendo aquí. ¿Cuál es la hipocresía que se está cometiendo aquí? Hay dos aspectos, por así decirlo, o dos tipos.

Primero, aquellos que, cuando observan a la gente dando generosamente, su actitud y sus comentarios sobre los que dan generosamente es, en lugar de admirar este comportamiento o en lugar de mirar este comportamiento como ejemplar dicen “Oh, bueno, tal o cual persona está dando tan generosamente solo para que se diga que es generosa”. Así que proporcionan un comentario negativo sobre un comportamiento moralmente loable. 

¿Qué tipo de valores sociales fomentas y qué tipo de valores sociales admiras? Si observas un comportamiento generoso y tu comentario es: “Bueno, la gente lo hace simplemente porque están presumiendo”; esa es una opción. O bien, no solo dices que están presumiendo, sino que dices: “Oh, son tontos; este comportamiento es de idiotas”. Considerar que dar tan generosamente es una tontería, o que es imprudente o irresponsable. Entonces, una faceta es que, cuando ven un comportamiento que es moralmente loable, en lugar de verlo como un ejemplo moral a seguir, lo degradan.

Pero, al mismo tiempo, tienes a esas mismas personas que, cuando ven a aquellos que no tienen nada que dar excepto su propio esfuerzo físico (porque literalmente no tienen nada financiero que contribuir), su actitud hacia ellos es la sospecha. Su actitud hacia quienes solo pueden ofrecer su esfuerzo es impugnar su carácter sin tener base alguna para hacerlo. Especulan. Este es un comportamiento en el que muchos seres humanos caen: dicen: “Estoy seguro de que tienen algo, simplemente no quieren darlo”. O, alternativamente, lo hacen para sentirse superiores a ellos: “Bueno, nosotros hemos dado y ellos no”. De hecho, muchos informes sobre el concepto de la recompensa mencionan que algunos de estos individuos daban algo y luego miraban a los que no tenían nada que dar y les hablaban como si fueran superiores, por el solo hecho de estar en posición de donar. 

Nuevamente, observen el tipo de moralidad social que el Islam vino a diseñar. Cuando tomas la totalidad de este comportamiento y te preguntas hasta qué punto estas dolencias sociales que el Corán describe están dentro de ti, entiendes el punto. El propósito de estos versículos no es simplemente identificar a otros; por eso el Corán se niega a nombrar a los llamados “hipócritas” y se niega a decir: “aquí está su partido político”. Es un discurso de introspección: ¿Participas tú en este tipo de comportamiento? En la medida en que lo haces, la hipocresía se ha colado y se ha filtrado en tu alma.

Entonces llega lo siguiente.

(80) [Y] tanto si pides [a Dios] que sean perdonados como si no --[será todo uno: pues aun] si pidieras a Dios setenta veces que les perdone, Dios no les perdonará, porque se empeñan en negar a Dios y a Su Enviado. Y Dios no otorga Su guía a la gente perversa.

Nuevamente, la importancia de esto es bastante profunda. Se le dice al Profeta: ya sea que pidas perdón o no, incluso si lo haces setenta veces, Allah no los perdonará debido a Noten aquí que  kufr (incredulidad),  nifaq (hipocresía) y fisq (inequidad) se utilizan como paralelos; de nuevo, en un sentido moral, no en un sentido legal.

Ahora bien, ¿por qué setenta veces? Esta es una figura retórica en el árabe de la época. Decir “setenta” es como cuando en nuestra era moderna decimos: “Incluso si lo pides cien veces”, queriendo decir “muchas veces”. Ese es el equivalente actual de la cifra setenta. Hay cierta clase de informes sobre los que tengo dudas, que dicen que el Profeta (PB) pedía perdón por ciertos individuos y, cuando los compañeros le decían: “Pero son hipócritas, están entre los hipócritas por los que Allah dijo que no pidieras perdón”, el Profeta respondía: “Bueno, Allah dijo: “aunque pidas perdón setenta veces, así que voy a pedir perdón setenta y una veces”. Tengo dudas sobre esto porque, en el momento en que se revela el Corán, “setenta veces” es una expresión idiomática. Más tarde, cuando esa expresión pierde su significado numérico cultural, surgen estos informes que sugieren que si el Profeta pedía perdón setenta y una veces, el trato era diferente y Allah podría perdonar. Eso va en contra del espíritu de la revelación. Sin embargo, hay algo significativo en estos informes: la actitud del Profeta. Esto es algo en lo que no nos detenemos lo suficiente, y es porque no escribimos la Sira (biografía profética) desde una perspectiva musulmana; la mayor parte de la Sira escrita en la era moderna es desde una perspectiva orientalista.

La actitud del Profeta hacia la revelación sobre la hipocresía en la sura At -Tawba y más tarde en la sura Al-Maida no es de ira ni de venganza, sino de tristeza y simpatía. Él, de hecho, siente lástima por ellos. La razón por la que Allah le dice que “aunque pidas perdón, no los perdonaré” es debido a los numerosos informes de que, cuando venían al Profeta —incluso aquellos que decían: “No dijimos lo que pudiste haber oído que dijimos”—, la respuesta del Profeta solía ser: “Que Allah te perdone” o “Que Allah nos perdone a todos”. Como veremos, incluso con algunos que eran famosos por retirarse de la batalla con sus aliados, como Abdullah ibn Ubayy, cuando morían, el Profeta (PB) insistía en rezar por ellos hasta que Allah le ordenó que dejara de hacerlo.

La imagen que surge es la de un hombre con el corazón roto. Esta no es la forma en que se suele escribir la Sira, pero es como debería escribirse. Su corazón está roto por aquellos que dijeron “creemos” pero que finalmente fallaron la prueba. En lugar de perseguirlos y decirles: “¡Hipócritas, cómo se atreven!”, él guarda silencio cuando vienen con excusas. Lo máximo que hace es rezar sinceramente para que Allah los guíe y los perdone. Él es el representante de la institución política y de la ley, y como tal, su actitud no es de inquisición ni persecución; es todo lo contrario. Su actitud es tan indulgente que Allah tiene que decirle: “Esto es asunto de Allah. Sé que realmente quieres que los perdone, pero así no es como va a funcionar; a aquellos que no quiero perdonar, no importa cuánto lo pidas, no los perdonaré”.

Reflexionen sobre eso. Cambia completamente nuestra comprensión de la personalidad del Profeta (PB). Incluso Allah llega a decir: “Sé que tienes un corazón blando y, como ellos dicen, eres un 'oído' (udhun), que lo crees todo”. No es que lo crea todo, sino que no está ansioso por condenar lo que sabe que es falso y fruto de la debilidad humana. Su actitud es de perdón. Es como si dijera: “Podría avergonzarte, pero no lo haré”. Así que lo deja pasar. La prueba de que él sabe que sus excusas son mentiras es que pide perdón por ellos. Después de que se marchan con sus excusas, su actitud es: “Allah, por favor perdónalos, porque sé que están siendo injustos consigo mismos”.

Lo fascinante es que existen numerosos informes de que, tras esta revelación, el Profeta (PB) continúa pidiendo perdón por ellos. No me refiero a los informes de las “setenta y una veces”, sino a aquellos donde el Profeta dice: “Allah me dijo que, pida o no pida perdón, no los perdonará; pero Allah no me prohibió seguir pidiendo”. Él continúa haciéndolo. Algunos han notado que lo hace para enseñar a su sociedad una actitud hacia quienes son injustos consigo mismos: no contribuyas a esa injusticia con tu ira, odio o venganza; no ayudes al Shaytan (Satanás) contra tu hermano o hermana.

Más allá de eso, creo genuinamente, conociendo la personalidad del Profeta (PB), que era un hombre de corazón muy tierno; un corazón que respondía con genuina tristeza al ver a la gente fallarse a sí misma. No formaba parte de su carácter perseguir a la gente para reprocharles sus fallos, sino emitir el consejo necesario y luego dejarlo en manos de cada uno.

Ahora, al tratar la dinámica del nifaq, llegamos a otro incidente histórico en los siguientes versículos.

(81) ESOS [hipócritas] que se quedaron atrás se alegraron de librarse [de combatir] después [de la partida] del Enviado de Dios, pues detestaban la idea de luchar con sus bienes y sus personas por la causa de Dios; y [aun] dijeron [a los otros]: “¡No salgáis de expedición con este calor!” Di: “¡El fuego del infierno es aún mucho más caliente!” ¡Si tan solo hubieran comprendido esta verdad! (82) Dejadles, pues, que rían un poco --porque habrán de llorar mucho en pago a lo que se han ganado.

(83) Así pues, [Oh Profeta,] si Dios te trae de nuevo cara a cara con un grupo de ellos, y te piden entonces permiso para salir [contigo de expedición], di: “¡Jamás saldréis conmigo, ni combatiréis junto a mí a ningún enemigo! Ciertamente, os alegrasteis de haberos quedado en casa en esta primera ocasión: quedaos, pues, en casa con aquellos que [tienen que] quedarse!”

(84) Y no has de rezar por ninguno de ellos cuando muera ni te detendrás ante su tumba: pues, ciertamente, se obstinaron en negar a Dios y a Su Enviado, y murieron en esta perversión suya.      

(85) Y que sus riquezas y [la felicidad que puedan obtener de] sus hijos no provoquen tu admiración: Dios quiere sólo castigarles por medio de ello en [la vida de] este mundo y [hacer] que sus almas partan mientras [siguen aún] negando la verdad.

Aquí tenemos otro incidente histórico o sub-incidente. ¿Quiénes son estos? Son las personas que explícitamente no se unieron al ejército del Profeta en Tabuk. Hay muchos informes, algunos dicen que eran alrededor de ochenta personas, aunque los números exactos varían. Estos individuos simplemente se negaron a unirse a la campaña militar; algunos presentaron excusas extravagantes. Está claro que estamos ante otra manifestación de la hipocresía, porque ellos hacían campaña en contra de la expedición, diciéndoles a sus amigos que era contrario a las costumbres de los árabes viajar en esa época del año, con ese calor, tan lejos de donde los árabes solían combatir habitualmente.

Vivían, en otras palabras, en territorio familiar, y parte de esto se debe a que la mayoría de sus guerras consistían en incursiones contra otras tribus; estos feudos continuos de tribu contra tribu. Lo que surgió de este hábito es que luchas contra quien te es familiar y en territorio conocido. Pero este “credo” o este hábito étnico y social, en última instancia, en lo que resulta es en debilidad. Aquellos que son fuertes, que son poderosos, se preparan para enfrentar el desafío dondequiera que este se presente. Pero si dices: “Bueno, solo enfrentaré el desafío mientras me sea familiar y mientras se cumplan estas condiciones de comodidad”, lo que eso traduce es lo que sucedió en la historia real: que estas tribus árabes permanecieron subordinadas y débiles ante los bizantinos, quienes atacaban muy, muy lejos de sus propias tierras imperiales.

Así que, cuando el Profeta (PB) dijo: “Vamos a ir a Tabuk para encontrarnos con los bizantinos”, tenías a esta camarilla que decía: “Esto es ridículo. ¿Desde cuándo viajan los árabes?”. Una cosa es viajar por rutas comerciales conocidas donde sabemos dónde vamos a parar, conocemos los senderos que tomamos y sabemos exactamente la época del año en la que viajamos; pero ir en una campaña militar a territorios que no conocemos, que no nos son familiares y con este calor... de ahí la expresión: “No salgan a la guerra con este calor”. Ese es el trasfondo de esto.

No obstante, observen con qué facilidad lo que es familiar y lo que es cultural puede ser el camino hacia la hipocresía. Parte de la importancia de esto es que ellos están invocando lo que —si no entiendes de qué trata esta causa, qué es la creencia y la confianza en Allah y qué es la preparación— podría tener mucho sentido para ti. “Sí, ya sabes, nosotros no hacemos esto, no salimos con el calor y viajamos por el desierto”. Y, de hecho, se quedaron sin agua; ese es el punto. Pero ese grupo presentó una facción crítica que se animaba entre sí a no ir a esa campaña en primer lugar y a quedarse atrás.

Nuevamente, estas son como pausas que te hacen reflexionar muy profundamente sobre el Corán. El Corán interviene ahora; estas eran personas que solían tener dinero y, por lo tanto, si sabemos que en Tabuk el ejército musulmán tuvo muchas dificultades para encontrar suficientes caballos y camellos, bueno, estas son las personas que tenían más probabilidades de tener un caballo y un camello, por no hablar de otro tipo de ganado. Y, sin embargo, Allah interviene —y deténganse a pensar en esto—, Allah viene y le dice al Profeta: “Diles que, si bien no los vamos a encarcelar, ni a desterrar, ni a exiliar, ni a matar, como cuestión de principio no aceptaremos ayuda de ustedes nunca más. No deben unirse a nosotros en batalla de nuevo y no queremos su dinero”.

Claramente, si tomas esto como una lección muy mecánica, creo que has perdido el punto. El objetivo es comunicar el ostracismo social, una posición moral clara. No se trata de decir: “Oh, puedes ayudarnos y te daremos las gracias cuando te apetezca ayudar”, porque así es como solemos tratar con los ricos: “Oh, ya sabe, siempre que Su Majestad pueda ayudar, estaremos listos para recibir su asistencia y le estaremos muy agradecidos”. Esta es una actitud muy diferente. ¿Alguna vez han visto en un texto histórico una respuesta a los ricos diciéndoles: “De acuerdo, gracias, pero no queremos su ayuda”? Nunca. No lo encontrarán. Esto es singularmente coránico en el tiempo histórico del que hablamos.

Y por eso fue tan impactante. Si eres débil de fe, vas a decir: “¿Qué demonios está haciendo Muhammad? Necesitamos toda la ayuda que podamos conseguir”. Y él les está diciendo a estas personas que se retiraron: “Está bien, disfruten de su riqueza, váyanse”. Lo natural sería decir: “Bueno, ¿al menos no podemos meterlos en la cárcel?, ¿no podemos juzgarlos, condenarlos y sentenciarlos a veinte años de prisión por traición o algo así?, ¿no podemos exiliarlos? ¿Por qué tenemos que simplemente verlos disfrutando de la vida?”. Es por esto que Allah les dice a aquellos musulmanes que le dijeron al Profeta: “No admires su riqueza”. Porque la inclinación natural es decir: “Genial, nosotros hacemos todos los sacrificios y a ellos les diste una licencia para simplemente vivir su vida y disfrutar. Eso no es justo”.

¿Ven cómo Allah desafía su creencia y su convicción? Interviene y dice: “No, pero ese es precisamente el punto. Si realmente crees que hay un Más Allá y que las riquezas en esta tierra significan muy poco, mirarás lo que ellos están disfrutando y la licencia que recibieron para ser egoístas y vivir de forma hedonista, y en realidad sentirás lástima por ellos”. No estarás lleno de rabia y envidia; de hecho, sentirás lástima por ellos y dirás: “Sí, buena suerte, pero nosotros confiamos en Allah, no confiamos en ustedes”. Es algo notable.

Y más allá de eso, y esto se remonta a lo que estaba diciendo antes, es que cada vez que uno de estos hipócritas moría... cuando murió Abdullah ibn Ubayy, quien a menudo es descrito como la cabeza de los hipócritas, la cima de la hipocresía; cuando murió, su propio hijo, que de hecho era un buen musulmán, no quería rezar por su padre porque entendía que su padre siempre fue un hipócrita. Pero cada vez que un hipócrita moría y la familia iba al Profeta y decía: “¿Puedes rezar por él?”, y con Abdullah ibn Ubayy eso es exactamente lo que pasó; cuando murió, su familia —no su hijo, sino otros miembros de la familia— fue al Profeta y dijo: “¿Puedes, por favor, rezar por él?”, refiriéndose a la oración fúnebre (Yanaza), y el Profeta aceptaba e iba.

Pero hay un riesgo al hacer eso, y el riesgo es diluir los valores morales. Lo que la gente pensaría es: “Bueno, solo porque no fueron exiliados o metidos en prisión, este comportamiento podría ser aceptable”. Por ello, la prohibición llegó al Profeta individualmente: tú no rezas por un hipócrita. Otros musulmanes pueden si lo desean, pero tú, como jefe del Estado, no puedes hacerlo. Y, de nuevo, lo que me parece bastante notable es que el Profeta (PB) no recibió este mandato con alegría, regocijo o vindicación, diciendo: “Sí, solo estaba esperando que Dios me dijera eso”. Incluso hay informes —que yo no acepto— que dicen que todavía lo hacía, lo cual no creo, porque si Allah le dijo que dejara de hacerlo, entonces se detuvo. Algunos comentaristas dijeron: “Bueno, sí, lo hizo, pero no fue por los ochenta que no se unieron a Tabuk, sino por otros hipócritas”. Eso es posible, porque se puede leer la revelación coránica como aplicable solo a los ochenta que no se unieron a la batalla de Tabuk.

Pero creo que fue más amplio que eso. Creo que tenemos toda una clase de personas, especialmente en el incidente del que hablaremos más adelante, que involucró actos claros de traición. Vemos al Profeta claramente no rezando por las personas involucradas en esos actos claros de traición de los que hablaremos. Varios comentaristas notaron que el énfasis de Allah al Profeta: “No debes rezar por ellos”, era una evidencia más de la práctica continua de que cada vez que se le pedía al Profeta, él accedía.

(86) [Y ciertamente la niegan:] porque, cuando se les dijo por medio de la revelación: “Creed en Dios y luchad [por Su causa] junto a Su Enviado,” [aún] algunos de ellos que estaban en condiciones [de ir a la guerra] te pidieron dispensa, diciendo: “¡Deja que nos quedemos con los que se quedan!” (87) Preferían quedarse con los que quedaban atrás --y por eso sus corazones han sido sellados, de forma que no pueden comprender la verdad.       

Noten que les está hablando a ustedes: si han hecho eso, saben que lo han hecho, nuevamente a nivel moral. Han aceptado ser cobardes, han aceptado el estado de nifaq para sí mismos y por eso mismo han sido infectados por la enfermedad de la hipocresía. Es como si, una vez que el nifaq se asienta en tu corazón y le abres la puerta, este supera tu capacidad de racionalizar y de pensar con claridad.

Las aleyas 86 y 87, por un lado, podrían referirse al mismo grupo, las ochenta personas aproximadamente que no se unieron o que pusieron excusas para no unirse a la campaña militar en Tabuk. Hay varias narraciones que dicen que, particularmente la 86 y la 87, se referían o tenían la intención de dirigirse a un grupo diferente de personas: mismo resultado, mismo tipo de comportamiento, pero no los ochenta que vivían en Medina y La Meca y que pusieron excusas para no unirse. Más bien, se trataba de personas del clan de Amir ibn al-Tufayl. Es un clan liderado por el jefe Amir ibn al-Tufayl. Él vive cerca de La Meca y este clan estaba entre los que habían entrado en el Islam alrededor del séptimo año de la Hégira.

Y ahora llegó una prueba: o estás verdaderamente con el programa islámico, por así decirlo, o te ves a ti mismo en los márgenes de ese programa islámico. Así que pones excusas. Amir va al Profeta (PB) y le dice: “Nos encantaría ir a Tabuk, nos encantaría contribuir con nuestra parte de fuerzas a la campaña. Sin embargo, realmente no podemos porque, si lo hacemos, eso dejaría a nuestra gente vulnerable; dejaría a nuestro clan vulnerable a las incursiones de vagabundos y enemigos de nuestro clan”. En otras palabras: “No podemos permitirnos enviar hombres a la campaña militar porque eso dejaría a nuestras mujeres y niños vulnerables”.

Las narrativas cuentan que el Profeta (PB) sabía que esto era una excusa. Sabía que los clanes que realmente hablaban en serio sobre su compromiso hacían arreglos, incluyendo el traslado de toda la población de mujeres y niños a áreas más seguras en La Meca o Medina para asegurarse de que estuvieran protegidos en ausencia de la mayoría de los hombres. Pero el Profeta (PB) no dijo nada y, como de costumbre, dijo: “Que Allah nos perdone a todos”. El clan de Amir entonces se alegró de ello y no enviaron a nadie.

Hay muchas narraciones que dicen que las aleyas 86 y 87 tenían la intención de referirse explícitamente a estas personas; que estaban aprensivas y ansiosas por cualquier mención en el Corán sobre el Yihad. Querían entrar en el Islam y ser musulmanes, aceptar el Islam excepto por la parte del Yihad. Y Allah sabía, y Allah le dijo al Profeta que esto es de hecho lo que el grupo de Amir está diciendo: “Bueno, el Islam es bueno, estamos de acuerdo con él, pero esta parte del Yihad podemos omitirla”. La revelación de Allah en las aleyas 86 y 87 aborda este tema en particular: no puedes tener tu Islam y elegir lo que te gusta diciendo: “Bueno, estamos comprometidos, pero no si eso implica un sacrificio real en el camino de Allah”.


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