Sura 103 Al-Aasr (La Fugacidad Del Tiempo) & Sura 108 Al-Kauzar (La Abundancia De Bien)
Comentarios de Sheij Khaled Abou El Fadl (USULI INSTITUTE - www.usuli.org)
Corán en español usado: Traducción al español realizada por Abdurrasak Pérez desde la versión en inglés de Muhammad Assad
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Sura 103: Al-Aasr (La Fugacidad Del Tiempo)
EN EL NOMBRE DE DIOS, EL MÁS MISERICORDIOSO, EL DISPENSADOR DE GRACIA:
(1) ¡CONSIDERA la fugacidad del tiempo!
(2) Realmente, el hombre camina a su perdición (3) excepto aquellos que creen y hacen buenas obras, y se exhortan mutuamente con la verdad, y se exhortan mutuamente a la paciencia.
COMENTARIOS DEL SHEIJ KHALED ABOU EL-FADL
Tanto la Surat Al-Asr sura como, según veremos, Surat Al-Kauzar, presentan cierto debate sobre si son una revelación meccana o medinense —un debate interesante al que llegaremos más adelante, inshallah—. Dejando de lado este debate, es bastante probable que ambas pertenezcan al período meccano temprano.
Sabemos que las primeras suras del Corán afirman mensajes esenciales, mensajes morales y normativos fundamentales sobre los valores, sobre la perspectiva humana y sobre la manera en que Allah nos enseña a mirar el mundo, a comprenderlo y a interpretarlo. Sobre esa base se construye todo lo demás: todo lo que viene después en el Corán se edifica sobre estas perspectivas esenciales. En mi opinión, estas suras están concebidas para funcionar de un modo similar a lo que en el pensamiento filosófico se denomina a menudo "normas fundamentales" o, en el derecho, "principios constitucionales". Es decir, para que el pensamiento humano sea sistemático y coherente, la manera en que los seres humanos entienden la ética y los valores, es que no se puede equiparar todos los valores morales entre sí; eso sería contrario a la forma en que vivimos y experimentamos la vida. No todas las leyes son iguales ni están destinadas a funcionar de la misma manera, y no todos los valores son iguales ni están destinados a funcionar de la misma manera: existe una jerarquía de valores. Como hemos dicho repetidamente, estas suras tempranas están llamadas a ser fundacionales, a organizar y estructurar la interpretación de todo lo que viene después.
EN EL NOMBRE DE DIOS, EL MÁS MISERICORDIOSO, EL DISPENSADOR DE GRACIA:
(1) ¡CONSIDERA la fugacidad del tiempo!
(2) Realmente, el hombre camina a su perdición
El término "asr" puede tener diversas connotaciones. Una de ellas, como se ve en la traducción de Muhammad Asad, es la fugacidad del tiempo. Existe además una distinción en árabe: mientras que "dahr" se refiere al tiempo permanente o eterno, "asr" se refiere a un período de tiempo experimentado. Hay un debate lingüístico y gramatical sobre si se refiere necesariamente a días, semanas u otra unidad, pero nada de eso debería ocuparnos aquí. Basta con decir con comodidad que existe también un debate sobre si Allah está jurando por el tiempo o si Allah nos está alertando a considerar la manera en que los seres humanos experimentan el tiempo. Sobre este debate, varios estudiosos han señalado que no hay nada que nos convenza de que Allah esté jurando por la división del tiempo en períodos experimentados. Lo más probable y lo más convincente —y esto es coherente con el resto de la sura, como veremos— es que Allah nos está llamando a reflexionar sobre la experiencia humana dentro de cada período de tiempo en que las personas viven.
¿Qué hay en el período de tiempo que las personas atraviesan, en cada época —usemos esa palabra—, en cada generación, en cada siglo? Los siglos mismos son una invención de la conciencia y la percepción humanas; sea como sea que dividamos el tiempo, sea como sea que percibamos la llegada o el paso de un siglo, los seres humanos experimentan el tiempo de manera consistente, abrumados por sus propias faltas. Por eso Allah habla aquí del "jusrán" (la pérdida). ¿Qué es esta pérdida de la que habla Allah? Dice que el hombre está condenado a perderse a sí mismo; según Muhammad Asad, se trata de un estado de necedad, no necesariamente una pérdida material. Es un estado que excede la pérdida material: el jusr tiene la connotación de perder el propio sentido de propósito y el propio sentido de dirección. Así, se experimenta el tiempo no como algo que conduce a alguna parte, sino de un modo artificial y falso.
¿Cuál es entonces la falsedad y la artificialidad en la manera de experimentar el tiempo que hace que Allah hable de esta necedad? Consiste en que todos los seres humanos, al atravesar las épocas que les toca vivir, tienden consistentemente a considerar su propia época como única y excepcional, como una excepción a las leyes morales que deberían guiarlos. Como han señalado numerosos estudiosos, esto ocurre porque la tendencia humana es mirar los desafíos que experimenta dentro de una época determinada como algo sin parangón, como algo particular y único de su generación, de las personas que están viviendo esa época específica.
Ar-Razi, por ejemplo, en su tafsir, menciona que existe un arco en la experiencia humana: se vive la propia época, a cierta edad, con total optimismo y con una constante sensación —casi arrogante— de que uno mismo es una excepción respecto de quienes vinieron antes. Aunque quienes vinieron antes se hayan equivocado, de algún modo la propia generación lo hará bien. Ese tipo de actitud, esa falsa sensación de confianza, es bastante común a medida que el ser humano alcanza la adultez, alcanza la madurez. Pero, a medida que se envejece —y esto proviene también de los argumentos de Ar-Razi sobre el arco de la edad en la experiencia de la época—, se empieza a comprender cada vez más que, en realidad, uno no es una excepción respecto de las generaciones pasadas, y que los mismos desafíos morales que enfrentaron y que derrotaron a las generaciones anteriores son los mismos desafíos morales con los que uno mismo está luchando. De una época a otra, los seres humanos repiten los mismos errores; existe un ciclo de fracasos morales en el que cada generación cae, aunque cada generación, al menos según Ar-Razi, comienza arrogantemente pensando que ella será la excepción, que aquello que aquejó a las generaciones anteriores no la aquejará a ella. Pero el hecho es que, desde una perspectiva divina y supra-humana, si se observa la manera en que los seres humanos experimentan, gestionan y se relacionan con el tiempo, esto se confirma.
Y esto, aunque no proviene directamente de Ar-Razi, es una elaboración —una especie de glosa sobre lo dicho por él—: si se observa cada generación, se ve que experimenta cosas como los gustos, las modas, las percepciones de la belleza, del arte, y otras cuestiones de gusto, como si tuvieran una realidad objetiva más allá de la percepción y la construcción humanas, cuando en realidad no la tienen: son simplemente una invención colectiva humana.
(3) excepto aquellos que creen y hacen buenas obras, y se exhortan mutuamente con la verdad, y se exhortan mutuamente a la paciencia.
Entonces Allah viene y dice que no hay nada inherente a la subjetividad, nada inherente a la época en sí misma, que la condene o la destine al fracaso. Esto, por cierto, se conecta con un tema antiguo que se encuentra con frecuencia en la poesía árabe preislámica, donde los poetas consideran al tiempo como un enemigo, como algo maldecido por el destino. De ahí la idea de "estoy maldecido por el destino", porque el tiempo siempre derrotará a los seres humanos, sin importar su moralidad. Y entre los poetas del muyún —la poesía libertina— se llevó esta idea un paso más allá: los poetas de esa corriente decían "bebamos, divirtámonos y disfrutemos, y al diablo con todo", porque si todos somos derrotados por el tiempo, si el tiempo es nuestro enemigo, si nos derrotará por igual a los virtuosos y a los no virtuosos, si el tiempo es básicamente hedonista y opresivo, entonces no tiene sentido nada más: la única respuesta coherente es el hedonismo absoluto. Esa corriente poética, bien conocida, defendía consistentemente esa postura hedonista, porque es lo único que tiene sentido si uno piensa así.
Pero en esta surat, a primera vista, podría parecer que la sura simplemente dice "por el tiempo", de manera inocente, pero cualquiera que escuchara esto en la época del Profeta, la paz sea con él, sabía exactamente contra qué postura se estaba hablando y qué estaba respondiendo. Mucha gente estaría inclinada a coincidir en que, en efecto, el tiempo es opresivo y derrota a los seres humanos, que el tiempo es engañoso y traicionero, porque al principio da una sensación de confianza, una sensación de intemporalidad, una sensación de amplitud, la sensación de que se dispone de una cantidad considerable de tiempo para hacer todo lo que uno desea hacer. Pero luego el tiempo juega una trampa: antes de darse cuenta, ya se ha ido; antes de darse cuenta, no hay nada especial en uno mismo; antes de darse cuenta, todas las cosas que uno pensaba que iba a cambiar en su época no han sucedido, no se han logrado. Y a menos que se tengan las cosas de las que habla la sura, esa derrota, esa necedad, ese fracaso moral, es en efecto muy real.
Entonces, ¿qué dice Surat Al-Asr? Coloca a Allah en el centro del tiempo, en el centro de cada instante. Al-Ghazali dice: no hay manera de que las personas con verdadera fe, con auténtico imán, puedan percibir, experimentar o comprender el tiempo de la forma en que lo hacen quienes carecen de ella. De hecho, hay bastantes musulmanes que son hedonistas, y la fe de esas personas es plenamente artificial y superficial. Si Allah está en el centro de la percepción del tiempo, la experiencia misma del tiempo —esos bruscos vaivenes de ánimo entre el exceso de confianza y la desesperación, entre la arrogancia y la sensación de derrota y opresión— se modifica gracias al propio estado de imán.
En segundo lugar, el imán sin obras carece de sentido: por increíble que parezca, aunque los musulmanes modernos se hayan alejado bastante de esta perspectiva, la esencia del tiempo es el servicio. La calidad de la vida vivida dentro del paradigma del tiempo está definida por el servicio real, no el servicio a uno mismo, sino el servicio al otro. Y hay que recordar que, cuando esta sura fue revelada, todavía no existían siquiera las oraciones, no existía el ayuno de Ramadán, no existía ninguno de los rituales. De modo que, cuando la sura fue revelada, todos quienes la recibieron en su momento entendieron que aquello a lo que se refería era exactamente esto.
Ese servicio humano, ese hacer el bien por los demás, es lo que se corrompe más tarde, cuando la gente cree que lo que se está diciendo, cuando se escucha "amal", es que ayunar más días equivale a eso. Y no es necesariamente así: quizás eso le otorgue a uno algunas recompensas extra y algunos créditos ante Allah, pero no se compara en nada con el crédito que se obtiene cuando realmente se sirve al bienestar de los demás. No existía todavía la salah cuando esta sura fue revelada, de modo que la comprensión corrupta que vino después —que el amal consiste en rezar más— estaba completamente ausente en ese momento.
Pero llegamos ahora al corazón palpitante de Surat Al-Asr, la razón por la cual esta sura tuvo el impacto que tuvo en la tradición musulmana. Tanto es así que se nos dice que muchos de los compañeros tenían la costumbre de que, cada vez que se reunían, jamás terminaban su encuentro sin recitar Surat Al-Asr; toda reunión que tuvieran concluía con la recitación conjunta de esta sura. Existen también hadices en los que se reporta que el Profeta dijo que esta sura equivale a un tercio del Corán. Ya he expresado en el pasado mi escepticismo respecto de este tipo de hadices: es una manera típicamente medieval de enfatizar y subrayar el impacto de algo.
Ahora bien, ¿cuáles son estos dos elementos? Son “y se exhortan mutuamente con la verdad, y se exhortan mutuamente a la paciencia.”, en árabe la expresión es “tawasi”. La gramática aquí es muy interesante, porque no se trata simplemente de hablar repetidamente de algo. Si tú y yo nos reuniéramos durante diez años y cada vez habláramos de construir, digamos, un pozo, de cavar un pozo, y durante esos diez años, cada vez que nos encontráramos, habláramos de cavar el pozo, pero nunca diéramos un solo paso para cavarlo realmente, ¿habría existido tawasi respecto de cavar el pozo? La respuesta es no. Eso no es tawasi. El tawasi consiste en hablar de algo y llevarlo a cabo, en esforzarse por realizarlo. Por eso esa expresión es tan profunda: cuando Allah la usa, significa que no basta con sentarse cómodamente y decirse mutuamente, de manera abstracta, que hay que hacer lo correcto; significa que efectivamente se persigue lo correcto.
Así, esta sura constituye una perspectiva filosófica: es un sistema epistemológico de conocimiento, es una perspectiva psicológica, es un estado de conciencia. Es un estado que define la relevancia y el significado del tiempo, y la manera en que se evalúa el paso del tiempo. La forma en que nos relacionamos con el paso del tiempo, lo evaluamos y nos conectamos con él, es, dentro del campo de la psicología social, uno de los elementos más centrales de la conciencia que existen.
Si se mira el tiempo simplemente como la noche que llega hoy y el día que llega esta noche, y el papel que a uno le corresponde, mientras la noche y el día se suceden, es sentarse a contemplar el cielo y meditar sobre sus misterios —de modo que no importe si es martes, miércoles o jueves, sino lo que importa es qué misterio de la existencia se ha logrado comprender ese día—, ese es un estado de conciencia muy distinto de aquel en que se lleva un reloj y se está constantemente pendiente de que ahora son las dos, ahora son las tres, ahora vamos dos minutos tarde, ahora hay que moverse, hay que ir aquí y allá. Esa es una manera muy distinta de relacionarse con el tiempo.
Si la relación de una persona con el tiempo es tal que pasar veinticuatro horas en un mismo lugar sin moverse la hace sentir que se está muriendo, que necesita moverse para sentirse viva, que necesita ir de un punto A un punto B, de aquí para allá, esa es una psicología y un estado de conciencia muy distintos, y un sistema de conocimiento muy distinto, del de alguien cuya actitud frente al tiempo es que cuanto más tiempo pasa en un mismo lugar, más se relaciona con ese lugar, más profundiza su relación con el espacio y el tiempo, y por tanto considera que eso es en realidad algo bueno.
Y, dicho sea de paso, quienes hayan tenido experiencias en países antiguos, si han pasado algún tiempo en pueblos de Siria, Egipto, Turquía o Irán, habrán notado que hay personas que se sientan en un mismo lugar, sin hablar, mirando al vacío. Uno las observa y no logra relacionarse con ellas, porque se es un animal psicológico muy distinto: uno se pregunta qué demonios están haciendo, por qué simplemente están ahí sentadas, siempre en el mismo lugar, aparentemente mirando a la nada, sin hablar con nadie ni nadie hablándoles, y aun cuando se dirigen a uno, apenas se puede reconocer eso como una forma de relacionarse con el tiempo. Es muy distinto de alguien como quien probablemente lleva un reloj, que probablemente lo mira todo el tiempo, y que si se sienta en un lugar sin moverse durante unas horas empieza a sentir como si lo persiguieran demonios.
Pero lo que el Corán hace es decir que aquello que debería ser común, aquello que debería reconectar a todos con el paso del tiempo, con Al-Asr, exhortarse mutuamente, es unirse los unos a los otros. Es, literalmente, algo parecido a la teoría de ciertos pensadores occidentales que construyeron teóricamente toda la idea de la sociedad civil: los seres humanos se juntan porque descubren que se necesitan mutuamente. En la teoría occidental esto se plantea como una especie de contrato artificial, en el que los seres humanos se reúnen porque descubren que se necesitan unos a otros, y se necesitan desde una perspectiva egoísta: por ejemplo, yo no sé cortar leña, pero sé cocinar; entonces, si yo, que sé cocinar, me junto con quien sabe cortar leña, yo renuncio a algo y él renuncia a algo, yo gano algo y él gana algo, y esa es la base de nuestra cooperación.
En árabe, la perspectiva filosófica y social que ofrece el Corán es distinta: las personas se unen jurando fidelidad a un principio, y ese principio es el principio de al-haqq. Al-haqq es un término que engloba todo lo que es verdadero; por eso llamamos a Allah "Al-Haqq", porque se refiere a todo aquello que está más allá de lo circunstancial, más allá de la contingencia, en cuanto a lo justo y lo legítimo. Lo contingente respecto de la justicia es la manera de equilibrar las cosas para alcanzarla, pero el principio de la justicia en sí mismo no es contingente: siempre estamos obligados a alcanzar la justicia, y por eso la justicia es al-haqq.
Piénsese en todos los valores morales que tienen carácter imperativo: desde una perspectiva islámica, derivan su carácter imperativo de lo divino. Por ejemplo, en la perspectiva islámica, ¿por qué existe la obligación de dar shahada, de dar testimonio? Porque el Haqq supremo, Al-Haqq, es Allah, y Él así lo ha dispuesto. Y en la medida en que se quiera entender hasta qué punto los musulmanes modernos se han alejado de la ética coránica y de la perspectiva coránica, basta con pedirles que nombren el fundamento básico del que deriva esa obligación dentro de la perspectiva moral islámica: muy pocos musulmanes serían capaces de nombrarlo, porque no forma parte del sistema educativo, no forma parte de cómo se les enseña a relacionarse con el tiempo.
Parte de la razón, por ejemplo, de que en la manera en que se experimenta el tiempo no sea necesario sentir la propia realización a través de desafiar a los padres, de ser obstinado con ellos o de ser grosero con ellos para sentir dominio sobre el tiempo, para sentir control sobre él, es que uno y los propios padres están llamados a cooperar y trabajar juntos para alcanzar al-haqq. Es una perspectiva muy distinta. La razón por la que un adolescente quiere ser grosero con sus padres es que quiere sentir que su tiempo es distinto del de ellos, y que si es amable con ellos está concediendo que el tiempo de ellos es como el suyo, y que los fracasos de ellos van a ser sus propios fracasos, algo que no puede permitir. Por eso no puede admitir que su tiempo y el de sus padres son similares, y por eso decide ser grosero con ellos.
Para subrayar este punto, la perspectiva islámica llega y da vuelta toda esta lógica: dice que no se trata de la cantidad de ibadah, no se trata de todos los simbolismos rituales a los que uno se adhiere, sino de una sustancia, de un concepto sustantivo, así como Allah es sustantivo en Sí mismo, en todas sus connotaciones. Y por eso habla de tawasi. ¿Por qué dice tawasi? Porque sabe que a los seres humanos les costará reconocer al-haqq y les costará alcanzarlo. Y aquí está la razón, el porqué, del tawasi en la paciencia: ¿por qué se necesita el tawasi en paciencia unos con otros? No dice simplemente "y fueron pacientes". No. Porque la única manera en que una sociedad perseverará en la búsqueda de al-haqq es que, dondequiera que uno se dirija, encuentre vínculos sociales que se forman en torno a la diligencia y la deliberación conjunta.
Doy un ejemplo muy claro: supongamos que estoy en un proyecto para terminar el tafsir del Corán y publicarlo. ¿Es ese un proyecto de haqq? Ciertamente espero que sí; si estamos en una misión dedicada a estudiar el Corán y a publicar un estudio sobre él, y si mi relación con el tiempo está definida por esa causa, apenas noto que ha pasado un año, que han pasado dos años, que han pasado tres años, y no pienso que ya es hora de dedicarme a otra cosa: permanezco con la causa hasta cumplirla.
Pero imaginemos que empiezo a sentirme aburrido, frustrado, o lo que sea, y que, dondequiera que me dirija en mis círculos sociales, digo "estoy cansado", "estoy aburrido", "estoy harto". Y lo que escucho no es que mi obligación es perseverar y ser diligente; en otras palabras, la retroalimentación que recibo no es la retroalimentación islámica de la exhortación en la paciencia, sino una retroalimentación que dice que debo escuchar mis propios sentimientos, mis propios deseos: si me siento aburrido y quiero seguir adelante con otra cosa, que lo haga. Nada en el ámbito de al-haqq se logra cuando los seres humanos dejan de regirse por el tawasi mutuo.
Recuerdo que, de la misma manera, cada vez que me acercaba a mi abuela y a mi madre —que Allah bendiga sus almas, a ambas— con alguna queja relacionada con algún principio islámico, diciendo algo como "no lo entiendo, he tratado tantas veces de impresionar a este sheikh y nunca queda impresionado conmigo, y eso me hace sentir que no hay lugar para mí, y siempre elige a otra persona como revisor", lo cual es una especie de asunto de prestigio, yo ya sabía exactamente lo que ellas me iban a responder: sabr. Me tomó años comprender cuán sabio era ese consejo: "supéralo", porque lo que importa es al-haqq, y lo que corresponde es la paciencia.
Pero si ellas escuchaban de mí algo que tocara realmente el tema de al-haqq —si me quejaba de algo inmoral—, entonces ya no aconsejaban paciencia. Hubo situaciones así, en las que fui a ellas y les planteé una queja sobre algo relacionado con la moralidad, sobre alguien que estaba haciendo algo verdaderamente incorrecto, y nunca las escuché aconsejar paciencia: aconsejaban actuar. Porque la obligación de uno hacia al-haqq es sagrada e inviolable; de hecho, no se puede servir a al-haqq sino a través de al-haqq, es decir, no se puede servir a Allah, no se puede servir al Haqq Supremo, sino a través de los caminos de al-haqq, entre los cuales, por señalar lo obvio, se encuentra algo como la justicia...A algo como la dignidad, el respeto por la dignidad de los seres humanos, algo como el conocimiento y la búsqueda del conocimiento.
Ya he mencionado que los sahaba tenían la costumbre de recitar siempre Surat Al-Asr, e incluso cuando se reflexiona sobre por qué se aseguraban de que, cada vez que se reunían, terminaran siempre el encuentro recitándola, existen numerosos relatos sobre las bendiciones de esta sura. En la tradición islámica hay numerosos discursos al respecto; por ejemplo, en uno de ellos se dice que Surat Al-Asr es la suma de todo el Islam, y que si un musulmán no conociera del Corán más que la Fatiha y esta sura, eso le bastaría. Se encuentran muchas declaraciones de este tipo, casi de amor, dirigidas a Surat Al-Asr en la tradición islámica.
Creo que esto se debe a que los musulmanes entendían, especialmente teniendo en cuenta que cuando la sura fue revelada, la manera en que los árabes se relacionaban con el tiempo y con el concepto de destino era muy distinta, y la manera en que filosofaban el hedonismo, esta sura lo confrontó directamente. Y especialmente dado que fue revelada cuando aún no existían rituales a los que aferrarse, entendieron bastante bien que, al revelarse esta sura, se estaba declarando una revolución en su sociedad. Los incrédulos también lo entendieron así, y esto forma parte del desarrollo de la creciente hostilidad de los mequíes hacia el Corán y de la acusación de que Muhammad no era simplemente otro poeta más, empujando o promoviendo su propia forma de vida, como había muchos en La Meca, sino que era un revolucionario que estaba trastocando toda una forma de vida. Y esto se debe precisamente a mensajes como este.
Sura 108: Al-Kauzar (La Abundancia De Bien)
EN EL NOMBRE DE DIOS, EL MÁS MISERICORDIOSO, EL DISPENSADOR DE GRACIA:
(1) CIERTAMENTE, te hemos dado abundancia de bien: (2) reza, pues, [sólo] a tu Sustentador y ofrece sacrificios [sólo a Él].
(3) ¡Realmente, quien te odia ha sido en verdad despojado [de todo bien]!
COMENTARIOS DEL SHEIJ KHALED ABOU EL-FADL
Existe un debate interesante al respecto. Algunos informes afirman que Surat Al-Kawthar es una sura medinense, y el informe agrega que los compañeros estaban sentados en la mezquita en Medina cuando fue revelada, describiendo además la primera reacción del Profeta, la paz sea con él, al recibirla. El hecho de que se diga que estaba sentado, o que estaban orando o sentados en Medina, es lo que la convertiría en una sura medinense.
El problema con esta narrativa es múltiple. Primero, está contradicha por la mayoría de las demás narraciones: contamos con relatos acumulativos de muchas otras fuentes que afirman que esta sura fue revelada poco después de Surat Al-Asr, en La Meca. En cuanto a Ibn Abbas, quien es una autoridad muy importante en materia coránica, existen en realidad dos narraciones contradictorias atribuidas a él: una que dice que fue revelada mientras el Profeta estaba sentado en Medina, o en la mezquita de Medina, y otra, también atribuida a Ibn Abbas, en la que se dice que cuando los migrantes, todos los muhajirun, emigraron a Medina, ya conocían esta sura, y que fue recibida por nosotros —los nativos de Medina— después de la migración.
¿Marca esto alguna diferencia? Hay un punto técnico relacionado con la interpretación de dos palabras que es “wanhar” (sacrifícate) y “abtar” (privado de todo bien). Como han señalado los comentaristas, si la sura fue revelada en Medina, entonces es más probable que la palabra "wanhar" y la palabra “abtar” deban entenderse de una manera; pero si fue revelada en La Meca, entonces deben entenderse de otra manera. Explicaré esto inshallah, pero adelanto que no encuentro convincente este desacuerdo. Creo que esta sura es claramente meccana y no tengo dudas al respecto. Metodológicamente, todo ese material que sostiene que, si fue revelada en Medina, la palabra "wanhar" tiene que significar algo específico, no me resulta muy persuasivo, como explicaré.
Bien, la traducción es bastante directa.
EN EL NOMBRE DE DIOS, EL MÁS MISERICORDIOSO, EL DISPENSADOR DE GRACIA:
(1) CIERTAMENTE, te hemos dado abundancia de bien: (2) reza, pues, [sólo] a tu Sustentador y ofrece sacrificios [sólo a Él].
Esta sura es muy breve, muy concisa, y a la vez posee un mensaje muy poderoso; por eso también la considero entre las suras fundacionales del período meccano. Si ves algo como Tafsir Al Mawardi, en cuanto a la palabra "kawthar", señala que existen no menos de nueve interpretaciones distintas del término. El desacuerdo básico gira en torno a que la palabra "kawthar" se refiere a aquello que es abundantemente bueno, a un exceso de bien, a mucho bien. La palabra "kawthar" proviene de la misma raíz que "kathra", que significa un incremento o una gran cantidad; deriva de la misma raíz.
Pero ¿a qué se refiere Allah aquí exactamente con ese bien abundante? Podría estar refiriéndose a lo que se le ha dado específicamente al profeta Muhammad, y aquí, como muchos comentaristas han señalado, lo más probable es que sea como decir "te hemos dado el Corán" o "te hemos dado la profecía". No es necesario entrar en las nueve interpretaciones distintas, pero digamos que se nos ha dado el Corán, se nos ha dado la profecía, se le ha dado a Muhammad algo muy especial. Sin embargo, quienes ven este mensaje como algo que claramente trasciende lo que se le dio únicamente al Profeta —y coincido con esta postura— sostienen que no se está hablando solamente al Profeta, la paz sea con él, sino a todos los seres humanos creyentes, a quienes dijeron "creo" y ahora van a seguir al profeta del Islam. Es un recordatorio existencial de que a ustedes, seres humanos, se les ha dado mucho, lo cual es coherente con el mensaje reiterado del Corán de que las bendiciones de Allah son numerosas, y de que el ser humano se beneficia de las bendiciones de Allah en cada instante del día.
Las bendiciones de Allah son, por tanto, numerosas, y de ahí se desprende un principio: si verdaderamente se comprende que las bendiciones de Allah son numerosas —y este es el mismo mensaje que se encuentra también en sura Al-Fatiha —, lo que sigue es la gratitud. Y esa gratitud toma la forma de la salah y del sacrificio. Aquí es donde el debate entre La Meca y Medina cobra cierta importancia o relevancia: quienes sostienen que fue una revelación medinense, al leer "fa salli", entienden que se refiere a la oración, y también entienden que "wanhar" se refiere al sacrificio de animales, especialmente durante el Hajj. Sostienen que esta palabra en el Corán medinense solo puede significar que se realiza el Hajj, momento en el cual se sacrifican animales y se alimenta a los pobres. Así, entendieron el versículo como "ora, sacrifica y alimenta a los pobres".
Si, en cambio, fue revelada en La Meca, entonces "wanhar" no podría significar el sacrificio de animales, porque los musulmanes en La Meca no realizaban sacrificios de animales; ni siquiera se les habría permitido hacer el Hajj como musulmanes. Por eso sostienen que "wanhar" debe entenderse en su sentido original, previo a convertirse en un término técnico legal: sacrificio. Así, la adoración no se limita a las cinco oraciones, precisamente porque esta sura fue revelada en La Meca, antes de que las cinco oraciones fueran decretadas. "Salli" significa adorar a Dios, y "wanhar" significa que, para expresar plena y verdaderamente la gratitud, se debe aceptar la idea de sacrificarse por la propia fe.
Es importante notar que, en La Meca, resultaba fundamental comenzar a construir la disposición psicológica y la comprensión moral necesarias, pues los musulmanes tenían un largo camino por delante. Esto ocurre en el primer año de la revelación, y ellos no tenían idea de lo que se avecinaba, pero Allah sabía que una actitud de gratitud expresada a través del sacrificio era esencial para que cualquiera de estas cosas pudiera prosperar, si es que no estaban dispuestos a sacrificarse.
Considero, sin embargo, que este significado va mucho más allá de La Meca: no creo que ningún sistema de imán pueda funcionar sin sacrificio. Ninguna causa, en toda la historia humana, en nuestra experiencia de las épocas del tiempo, ha sobrevivido jamás sin sacrificios tras sacrificios tras sacrificios. La diferencia entre una escuela de pensamiento que sobrevivió y una que se extinguió radica en la existencia de seguidores dispuestos a sacrificarse. En proporción directa a los sacrificios está la supervivencia; la diferencia entre una causa que sobrevivió, o una nación que prosperó, o cualquier cosa dentro de la sunna divina en la experiencia humana, es que el éxito es directamente proporcional al sacrificio.
Así, cuando Allah dice esto, nos pone en alerta: si se piensa que esto se trata solo de la oración y nada más, se está equivocado. Se escucha constantemente, en el estado de atraso en que se encuentran los musulmanes, decir "soy un buen musulmán, rezo". Muy bien, pero ¿dónde están los sacrificios? ¿Realmente se cree tener derecho a toda clase de indulgencias que uno mismo se concede, o se acepta que, para estar verdaderamente comprometido y sostener un sistema de creencias, lo que se necesita es el sacrificio?
(3) ¡Realmente, quien te odia ha sido en verdad despojado [de todo bien]!
Ahora bien, ¿por qué se relaciona esto con el debate sobre Medina? Quienes sostienen que fue revelada en La Meca suelen repetir una narración —hay desacuerdo sobre quién es la persona en cuestión; algunos dicen que fue Abu Jahl, otros mencionan a otra persona, no importa quién exactamente— en la que se relata que alguien insultó al Profeta, la paz sea con él, y en uno de los reportes se dice incluso que uno de ellos intentó asfixiar al Profeta. Entonces, la sura estaría diciendo que esa persona que intentó asfixiarlo será, en realidad, quien resulte verdaderamente derrotado. Sostienen que esto es una predicción meccana: "¿ves a estas personas que te oprimen, o a esta persona que te oprimió? Nadie se da cuenta ahora, pero en el futuro esta persona será derrotada, será eliminada", porque, dependiendo de quiénes sean, algunos de ellos mataron a otras personas.
Existe, sin embargo, otra narrativa completamente distinta entre quienes sostienen que Surat Al-Kawthar fue revelada en Medina. Según esta versión, cuando los hijos varones del Profeta, la paz sea con él, murieron, los incrédulos se burlaban y se jactaban diciendo que Muhammad no tenía descendencia, que su linaje moriría con él. Entonces, cuando Allah dice esto, básicamente está afirmando que aquello de lo que se jactaban —que él carecía de linaje o de descendencia— en realidad se vuelve contra ellos: son ellos quienes verdaderamente sufren la pérdida. No es el Profeta quien perdió a sus hijos, sino ellos quienes perdieron su causa moral y su rumbo moral.
Lo que entiendo de Surat Al-Kawthar es, en realidad, bastante directo: se trata de que ustedes, personas, deben comprometerse con una tarea...
Esta sura habla de gratitud hacia su Señor y sacrificio por su Señor. Allah nos está alertando sobre una verdad cósmica: inevitablemente tendrán a sus perseguidores. Como dijimos, creo que esto no se refiere solamente a Muhammad, sino a todos los musulmanes, en todas las épocas y en todos los tiempos. Es como si se les dijera: sé que todos ustedes, por el hecho mismo de aceptar esta dinámica, esta ecuación de ser conscientes de todas las bendiciones que Allah les ha dado y de elegir responder a esas bendiciones a través de la gratitud y del sacrificio, tendrán a sus perseguidores, tendrán a quienes los tomen como blanco y los persigan.
Pero también es un artículo de fe —y es extremadamente difícil de creer y de internalizar como tal— que el verdadero poder, la verdadera fortaleza a través de la victoria, reside en Allah, y no en quien los persigue. Es decir, quien los persigue es, en verdad, quien está realmente derrotado. Yo llevo esto un paso más allá y digo que esa derrota, sea de manera material o no, no es lo importante.
Les doy un ejemplo muy concreto: creo que cada vez que los israelíes asesinan —porque ahora, cada semana, asesinan palestinos a voluntad—, cada vez que asesinan a un palestino, su propia derrota se vuelve más profunda e inevitable. Es en ese punto donde el tawasi bi as-sabr cobra sentido, porque si no se tiene sabr, se cae en la desesperación y se piensa que ellos nunca serán derrotados, que esto nunca va a cambiar. Mi fe en Dios tiene que decirme que la inmoralidad debe ser derrotada, sea que yo llegue a verlo en mi propio tiempo o no. Y por eso, si de verdad me importa alguien, le digo: no seas inmoral, porque estás desafiando a Allah, y tu derrota será inevitable, la vea yo o no.
Por eso, cuando veo injusticia en países musulmanes, se me parte el corazón, porque sé cuáles son las consecuencias de la inmoralidad y de la injusticia: ya sea ahora o en el futuro, la destrucción llega. No es posible que un pueblo persista indefinidamente en un camino de inmoralidad e injusticia; a lo largo de la historia, ningún pueblo lo ha logrado, porque es Allah quien, tarde o temprano, les hará rendir cuentas.